sábado, 12 de septiembre de 2009

Cúmulo de pensamientos

Y, ahora ¿qué?
Interrogaciones que bailan al son de mis desvaríos en cada rincón de mi cabeza, en cada resquicio de sensatez.
Quizá en algún momento tuve la clave, pero me fue arrebatada la capacidad de comprenderme. Porque me quiero y me odio, me hiero y curo mis heridas.

Aún me sorprende que te sorprendas; aún me emociona tú ilusión. Me da miedo verte y darme cuenta de que ya no duele. Me paraliza la idea de pensar que siempre me acompañaste y, ahora que no estás, es cuando más te quiero.

Porque me encanta que me mimes, mientras tú piensas que me defraudas. Porque me ahogo en mis propios mares...llenos de dudas, llenos de ti, de mí, de nadie.
Porque apareces como un día de buen sueño que se hace realidad, porque, quizá, las casualidades exiten.

Ni sé qué quiero escribir, ni a quién, ni por quién. Intento sin cesar encontrarle un sentido a este juego; una sonrisa que me recuerde que no está todo perdido.

Porque sé que no me equivoqué. Porque sé que es lo que quiero, lo que sé, lo que valgo.

Porque me miras y me alteras, te miro y...te sigo mirando. Te pido perdón y entiendes que es sólo cariño lo que llena mis intenciones.

No creas que puedo ponerle un remitente a mis pensamientos. Hoy se me antojó escupir cada palabra, expulsar cada lamento, plasmar la felicidad y llorar por lo que sueño.
La contradicción ha vuelto a casa después de un largo viaje, y, ahora, como parada en tierra de nadie, decido emprender la marcha hacia donde el tiempo, los días y el instinto quieran llevarme.

Aquí estoy. Creo que, desde que me encontré, nunca cometí el error de dejarme sola...




sábado, 29 de agosto de 2009

Receso finalizado

Entre escombros de mí misma desperté y, con cierto aire de melancolía, comprobé que, después de todo, tenías razón. Es imposible vivir sin ti.
Creí haber sobrevivido a tus exigencias y desaires. Convencí a mi conciencia de que no era necesaria tu ayuda. Incluso bajo aquella noche cerrada pretendí desafiarte llenando versos con la tinta de mi alma en cada letra. Pero nunca conseguí que el resultado fuera digno. Ni siquiera me servía para saciar mi sed. Recuerdo haber llorado en silencio soñando con que volvieras. Recuerdo haber destrozado cada pensamiento a gritos, rompiendo cada palabra con la fuerza de los lamentos. Pero, aún así, seguía negando la evidencia.

Comencé a pensar si quizá debía buscarte. Emprendí el camino hacia tu casa, sin saber dónde vivías. Te perseguí allí donde nunca habías estado. Pregunté por ti a quien no te había visto jamás.

Con la desesperación de no tenerte decidí simplemente desistir. Dejarlo todo y apartarme. Abandonar pasiones y glorias; amarguras y desahogos que sin ti carecían de sentido.

Parece mentira que, después de tantos años, aún no entienda que te vayas y vuelvas cuando se te antoje. Parece mentira que, a estas alturas, no haya aprendido que, sin importar el tiempo que transcurra, siempre vuelves. La inspiración siempre vuelve.

miércoles, 25 de marzo de 2009

¿Dónde van los sueños que no se cumplen?

¿Dónde van a morir aquellas metas que no logramos alcanzar? Esas que nos queman el alma cuando se visten de recuerdo, y lamentamos no haber ni tan siquiera rozado todo aquello por lo que un día pasamos las noches en vela, al amparo de la luna y el deseo.

Es fácil llorar por lo que no conseguimos, retorcer de rabia nuestra piel pensando en cada paso que no supimos dar, y golpear hasta sangrar el puño las paredes por no sentir la gloria de habitar en el último peldaño.

Pero, en el fondo de nuestra conciencia, la rabia intenta gritar a nuestros oídos sordos que el cementerio de los sueños perdidos se encuentra en nuestro fracaso. Muy cerca de un rincón del subconsciente donde exiliamos cada pasaje que no queremos reconocer; donde evitamos pasar las horas por miedo a comprender que, al fin y al cabo, con permiso de la suerte, los sueños que no se cumplen permanecen para siempre en nosotros, que fuimos los únicos culpables de no arriesgar la vida en cada batalla, y no hacer todo lo posible por tornarlos realidad.

martes, 17 de marzo de 2009

Mi alma plena

Se fue encantada. La sonrisa ocupaba ahora un lugar permanente en su rostro; la alegría dirigía sus pasos con un ritmo ligero y desenfadado. A pesar de estar en mitad de la noche, las calles parecían haberse llenado de vivos colores. Un intenso brillo renacía en sus ojos, mientras su cabello bailaba con el son alegre de una euforia descontrolada.

Todos aquellos oscuros pensamientos fueron borrados en el mismo instante en que notó a lo lejos su presencia. Y, como tantas otras veces, volvió a sentir aquel terremoto en el estómago que nunca supo controlar. Su alma se llenó de orgullo y el honor invadió de nuevo todos sus sentidos. Ya no recordaba el malestar irremediable que le provocaba escalofríos, cuando sentía que, quizá, el tiempo le había arrebatado todos los regalos que un día le entregaron.

Pero bastaron unos saludos para curar aquella sobredosis de pesimismo; y comprendió lo absurdo de pensar demasiado.

Volvió a ser la carcajada la banda sonora como solía; volvió a ser la complicidad el aliciente perfecto; volvió a ser la confianza la que marcaba las horas y el cariño recíproco el aire que respirábamos.

Sintió sus pies despegarse del suelo, mientras su corazón latía con desenfreno. Miró un segundo al horizonte y se impresionó al saborear de nuevo la sensación de que los kilómetros y las horas de viaje no tenían la más mínima importancia cuando se trataba de ellos. El más dulce de los destinos.

Palabras y gestos. Guiños y detalles. La felicidad conquistó su ser cuando se percató de que, como en los anteriores encuentros, tuvo que dejar de soñar despierta para vivir sueños reales.

La pasión que eriza su vello y hace temblar sus cimientos. La maravillosa intensidad con la que vibra cada centímetro de piel y se embelesa su conciencia si están sobre un escenario.

Se emocionó cuando dos lágrimas deslizándose por sus mejillas le anunciaban la confirmación de que, pasen los días que pasen, los meses, los años; la ilusión agigantada que definía su predilección por todos ellos hacía infinitamente más fuerte lo que los une, que todo aquello que los separa.

Y esta vez nisiquiera sintió pena al verlos marchar, porque sabía perfectamente que aquella noche en Córdoba había sido tan sólo otro principio.

...No sabeis lo mucho que os echaba de menos... ;-)


G R A C I A S

martes, 3 de febrero de 2009

Un bálsamo necesario

Y respiró. Con la tranqulidad y el sosiego que otorga una decisión tomada. Aún sin saber si era la acertada o no; aún sin tener la más mínima idea de si el futuro se presentará en forma de arrepentimiento. Respiró.
Notó cómo sus pulmones se llenaban de aire, aire de paz, como hacía tiempo que no lo hacían. Experimentó la extraña sensación que el aire se tornaba líquido y recorría milímetro a milímetro su cuerpo, hasta volver a salir de él y ser libre de nuevo. Alivio.

Respirar tras asumir limitaciones; respirar tras darte cuenta de que no siempre puedes dar los pasos a la velocidad de los demás; es una de las más bellas sensaciones.

Porque cuando no tienes camino, pero decides buscarlo y te propones hacerlo paso a paso, has avanzado, sin apenas andar, con importantisimas zancadas. Y desde ese momento, todos los segundos que componen los días, recobran su color y su sentido. Y respirar se convierte otra vez en algo favorable. Necesitaba un bálsamo para dejar de ahogarme.


...Creo que he vuelto...