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martes, 7 de junio de 2011

La enorme altura que nos separa

Y, al final, termino por mimetizar los llantos bajo la lluvia. Mientras intento no agachar demasiado la cabeza, aunque pese como si toda tu inmensidad saltara sobre mí. Demasiado para mi autoestima. Demasiado para mí. Así eres.

Y desde el vacío por el que caigo, sin alcanzar la mano que no me tiendes, un grito desgarrador sale de mi impotencia, ahogado como si el día no hubiera hecho más que empezar.

Tremendo dolor el que me provoca querer, de entre todo lo que se me ofrece, lo único que creo que nunca podré tener.

Y a cada segundo sonrío para suspirar de rabia poco tiempo después. Me elevas y me aplastas. Tan inevitable como mantener intacta una fachada que pide desesperada pintura de realidad. Tan amargo como una cama helada. Como un deseo imposible que ni siquiera me atrevo a perseguir.

Resignación con la que me niego a comprometerme, aun sabiendo que ya está el veredicto dictado. Inconformismo, esa lacra que me esclaviza con grilletes de ambición, aun sabiendo que todo sería más fácil si me reconciliara con los imposibles.

Y es que si no fueras tan oscuro, cerrado e inalcanzable, bucearía entre mis dudas buscando la forma de acercarme a tu mirada. En lugar de eso, recojo mis escombros esparcidos durante el día y recorro las vías mientras el cielo se empeña en dejar caer sobre mí una desgarradora metáfora que me recuerda que, incluso sabiendo que el sol puede acabar saliendo, no parece que las nubes vayan a reducir la enorme altura que nos separa.


martes, 17 de marzo de 2009

Mi alma plena

Se fue encantada. La sonrisa ocupaba ahora un lugar permanente en su rostro; la alegría dirigía sus pasos con un ritmo ligero y desenfadado. A pesar de estar en mitad de la noche, las calles parecían haberse llenado de vivos colores. Un intenso brillo renacía en sus ojos, mientras su cabello bailaba con el son alegre de una euforia descontrolada.

Todos aquellos oscuros pensamientos fueron borrados en el mismo instante en que notó a lo lejos su presencia. Y, como tantas otras veces, volvió a sentir aquel terremoto en el estómago que nunca supo controlar. Su alma se llenó de orgullo y el honor invadió de nuevo todos sus sentidos. Ya no recordaba el malestar irremediable que le provocaba escalofríos, cuando sentía que, quizá, el tiempo le había arrebatado todos los regalos que un día le entregaron.

Pero bastaron unos saludos para curar aquella sobredosis de pesimismo; y comprendió lo absurdo de pensar demasiado.

Volvió a ser la carcajada la banda sonora como solía; volvió a ser la complicidad el aliciente perfecto; volvió a ser la confianza la que marcaba las horas y el cariño recíproco el aire que respirábamos.

Sintió sus pies despegarse del suelo, mientras su corazón latía con desenfreno. Miró un segundo al horizonte y se impresionó al saborear de nuevo la sensación de que los kilómetros y las horas de viaje no tenían la más mínima importancia cuando se trataba de ellos. El más dulce de los destinos.

Palabras y gestos. Guiños y detalles. La felicidad conquistó su ser cuando se percató de que, como en los anteriores encuentros, tuvo que dejar de soñar despierta para vivir sueños reales.

La pasión que eriza su vello y hace temblar sus cimientos. La maravillosa intensidad con la que vibra cada centímetro de piel y se embelesa su conciencia si están sobre un escenario.

Se emocionó cuando dos lágrimas deslizándose por sus mejillas le anunciaban la confirmación de que, pasen los días que pasen, los meses, los años; la ilusión agigantada que definía su predilección por todos ellos hacía infinitamente más fuerte lo que los une, que todo aquello que los separa.

Y esta vez nisiquiera sintió pena al verlos marchar, porque sabía perfectamente que aquella noche en Córdoba había sido tan sólo otro principio.

...No sabeis lo mucho que os echaba de menos... ;-)


G R A C I A S

martes, 1 de julio de 2008

Y por fin llegó el día


El día en que España se coronaba como reina de Europa; dejando atrás a aquellas que siempre nos habían mirado por encima del hombro. Muchos habrán entendido de una vez por todas, que somos mucho más que paella, toros y olé. Somos toque, somos ilusión, juventud, fuerza y ganas.

Esta es la Eurocopa de todo un país. La eurocopa de muchas generaciones. La Eurocopa de mis padres, que apenas recuerdan aquella de hace 44 años. Es la Eurocopa de aquellos que no habíamos nisiquiera nacido cuando Arconada vio colarse ese balón por debajo de su cuerpo. Es la Eurocopa de una generación que ha nacido envuelta en fracasos y derrotas, que nunca había visto a su país llegar a lo más alto. Es la Eurocopa que nos devuelve el orgullo de haber nacido en la piel de toro. Lo que el fútbol une no es comparable a ninguna otra pasión. Lo que el fútbol une se pudo ver el domingo por la noche en todos los rincones españoles.

Es la única vez que todos somos del mismo color. La única vez que puedo abrazarme a mis amigos del Atleti, del Barça, del Madrid, del Getafe, celebrando un mismo gol, un mismo triunfo, la misma emoción. Y eso es muy grande.

Atrás quedan penaltis fallidos, derrotas, victorias que nos daban esperanzas para luego quitarnoslas en el siguiente suspiro. Como aquel agónico gol de Alfonso en el último minuto del descuento del España-Yugoslavia, tras un pase de Guardiola a la olla que nos daba la clasificación para cuartos de final de la Copa de Europa de selecciones de Holanda y Bélgica, en los que después nos comería Francia. Un gol que lleva persiguiéndome todo el fin de semana porque, hasta ahora, era mi mejor recuerdo de mi selección. Por todo lo que significó. Por toda la lucha hasta el final, por la garra, la furia. Todo un país cantando aquel 4-3 que nos daba vida. Mi hermano y yo abrazados llorando. En aquel año 2000 ya soñábamos. Y ahora que no tenemos que soñar, pienso en ello y me acuerdo de todos los jugadores que, desde que tengo uso de razón, han defendido la roja en mundiales y eurocopas. Este título es también para ellos.

Recuerdo también noches inolvidables de Larguero, cuando las categorías inferiores de la Selección española ganaban grandes títulos como el Mundial sub-20 del 99. Porque en aquellas noches al calor de la radio, escuchábamos a los Xavi, Iker, y no hace tanto tiempo, los Cesc, Iniesta, los Sergio Ramos, con algunos años menos, soñando con llegar a lo más alto de su deporte favorito. Y el momento en el que todos esos niños que luchaban por su país coincidieran en la Absoluta tenía que llegar. Porque cuando llegara pasaría lo que pasó ese ya inolvidable 29 de Junio de 2008.

Esta es la Eurocopa de todos. De ti, de mí, de todos nosotros. Un título que sólo entiende de color rojo. Por primera vez en muchos años, es un título que en España no deja a unos llorando y a otros de celebración. Porque todos somos del mismo equipo. Del nuestro. De nuestro país. Y ante esto, no hay comparación posible. Podíamos y pudimos gracias a 23 jugadores que en el Mundial de Sudáfrica seguirán siendo, la mayoría, menores de 30 años. Ha triunfado la juventud con experiencia de aquellos que hacían grande a España en las categorías inferiores, y de aquellos que dejaron atras su país para comerse Inglaterra, los que se comen España y los que ahora se están comiendo Europa. Todo ello bajo la batuta de alguien al que nunca defendí, pero que, sin pretender subirme a un carro que ya está parado, presento todos mis respetos y mi gran admiración.

Veintenas de generaciones estábamos esperando algo así. Llegar a donde nos merecemos. Y llegando de una manera impensable hace algunos años. Espero que ahora la selección cobre más protagonismo entre todos y juntos, llevemos a nuestros jugadores a lo más alto otra vez. Porque ahora sabemos que cumplir los sueños no es tan complicado y que nada, absolutamente nada es imposible. Gracias Selección. Gracias de corazón.




lunes, 1 de octubre de 2007

Momentos (III)

Por la felicidad radiante reflejada en tu cara. Por las miradas cómplices. Por el "todos juntos".Por las miradas discretas.
Por saber exactamente de qué te reías y por qué sin necesidad de cruzar palabra. Porque me conocéis. Por tu interés. Por saber picarme. Porque yo tambien te sé picar a ti. Por lo que ha dado de sí aquella noche negra. Por 2+2. Complicidad extrema.
Por volver a veros. Por los convites y guateques, el bajo jornal y los días trillando. Por nuestras tonterías de siempre. Porque aún recuerdas con cariño aquellos días. Porque parece que no tienes ninguna intención de olvidarlos.
Porque me marcaste a fuego, marca que nunca se borra aunque a veces parezca desaparecer.
Por dudar si aún sigo soñando contigo en esas noches en las que mi soledad despierta a mis recuerdos...por mi respuesta, el guiño, la lengua, la carcajada. Porque la etiqueta "especial" siempre irá pegada a los días que pasemos juntos. Estemos donde estemos, con quién y sin importar el tiempo que pasemos sin vernos.
Por echar la vista atrás y encontrar el recuerdo dulce que vuelve a tornarse presente. Por el brindis. Por las risas. Porque aguantar no es la palabra.
Porque en tu sonrisa veo reflejado lo que queda por vivir. Sea como sea.
Porque sentir que algo muere y otro sentimiento renace es una sensación que te debo a ti. Que siempre acabo debiendote a ti. A ti que siempre vuelves. A ti que nunca te vas.
Por noches perfectas. Por ti. Por mí. Por aquel imaginario nosotros. Por este raro nosotros de ahora.
Por decirme que no debo darte explicaciones. Por darmelas tú. Por buscarme cuando me ausento. Por molestarte cuando desaparezco.
Porque no me canso de jugar a imaginarnos. Porque no imagino que dejemos de jugar.
Porque nunca pido más de lo que recibo. Porque me das más de lo que se me ocurriría pedir.
Por tus preguntas. Por tu grito silencioso de que no todo va bien. Porque me susurras con miradas que sabes que sólo entiendo yo.
Porque me enganchas, me atrapas, me encadenas. Pase lo que pase. Pase quien pase.
Por todo lo que fue sin llegar a ser. Por todo lo que es y será siempre.
Por noches como las de ayer...por cada momento perfecto.





martes, 14 de agosto de 2007

Momentos (II)

Tras unas cuantas copas, se abre una luz cegadora, y muere el silencio ensordecedor...
Gira una vida 180 grados, y vuelve un recuerdo que un día durmió...
Olvida el olvido que había que olvidarte, y aquí estás de nuevo, qué dulce temor...
No sé cuál es el fin, ni sé cuando hubo un principio...quizá ni siquiera hayan existido...
Sólo sé que estoy aquí...y no es casualidad...Sólo sé que tú estabas...y dudo mucho que me lo haya inventado...

Una mirada, unas risas, caricias, alcohol...

Un parque, un banco...Sin futuro, ni presente, ni pasado...simplemente...tú y yo.

domingo, 24 de junio de 2007

Momentos (I)

La escondida luz del alma exprime el pasado de tiempos azules y verdes mar. No construye el camino sino que repisa las huellas que dibujó al andar.
¿Por qué no recuperas el rumbo? ¿Por qué no te esfuerzas en olvidar?