martes, 13 de mayo de 2008

Todo tiene una historia

Todo tiene detrás una historia. Hasta lo más insignificante. Sólo es cuestión de mirar.

Cada día, el vagón de tren que me lleva hasta mi destino encierra cientos de historias que contar, cientos de personas, cada una con cientos de vivencias a sus espaldas, de lo más insignificante hasta los hechos mas relevantes. Yo, sin embargo, me limito a encerrarme en la música de mi iPod y las páginas de mi libro. Me encierro en las historias que otros cuentan y, cuando llego a casa, suelo sentir que he perdido la oportunidad. Que he perdido el tiempo. Como si supiera que, el día menos pensando, las historias que dejé escapar, que permanecen en el aire, en el ambiente de un vagón cualquiera, las cazó otro para que, gente como yo, pueda leerlas sobre el papel.

Sólo hace falta una visión de un segundo para encadenar uno por uno los fragmentos de una historia cualquiera; real o imaginaria, qué más da. Tan sólo un segundo y el libre albedrío de la imaginación son lo necesario para saciar las ganas de contar.
Un hombre con una maleta; una chica que mira al horizonte a través de la ventana; el malhumorado revisor; la niña que llora; los estudiantes que se quejan; el ruido del tren sobre las vías, y hasta la mosca que molesta a todos los viajeros. Todo, todo se puede contar. Pero, lejos de reaccionar, malgasto el largo trayecto en escuchar una y otra vez lo que otros ya han inventado; en leer lo que otros supieron aprovechar.

Basta con clavar la mirada un segundo y componer una melodía de palabras para poder sentir la enorme satisfacción de que estás contando la historia de algo, de alguien, la tuya misma. La satisfacción de saber que no pierdes el tiempo, que no dejas escapar historias. Que das vida a las palabras que viven inertes a la espera de que las encuentre la inquitud propia del hambre de quien desea escribir.

Que si tú no las cuentas, el día menos pensado otros lo habrán hecho por ti y, resignado, escucharás y leeras aquello que se te escapó mientras un tren de cercanías te llevaba al destino de todos los días.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo del tren va para escribir varios poemas y alguna novela de terror.

Creo que es mi momento del día favorito, los 30 minutillos observando a personas de lo más variopintas y fisgoneando en las vidas agenas.

Hay historias que debería ser delito no escribirlas. Yo mil veces me quedo con las ganas pero, desgraciadamente, no sé escribir tan bien como me gustaría y seguro que las estropearía.

Perdón por cotillear sin permiso... Pero es que escribes demasiado bien como para resistirse.

Y ya que cotilleo he decidido que era más ético presentarme.

HOLA

:D

Anónimo dijo...

*Lo del tren DA para escribir varios poemas y alguna novela de terror.

María Carbajo dijo...

Hola alba!! :D Me alegra mucho verte por aquí!!!

Tienes toda la razón con eso de que en el tren puedes encontrar muchísimas historias que contar; miles, si tenemos en cuenta todo el tiempo de nuestra vida que hemos pasao ahi metidas xD Hasta lo más insignificante; precisamente por eso creo que pierdo el tiempo metida en mis cosas...Pero claro, suelo ir medio sobada o sin ganas de parecer una loca observando a la peña xD

Besitos y Gracias ;-) :D