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domingo, 23 de noviembre de 2008

Mucho que perder

Si encontrara la manera de quererte sin que duela,
Si pudiera derrotar al maldito anochecer,
Créeme que, aunque no quiera,
Entraría en la pelea
de luchar por las escenas,
Que se ruedan en tu piel.

Es verdad que no me aclaro,
Si te quiero, o si eso es malo.
Si me matas o algún día te odiaré.
Ya ni entiendo lo que hablo,
Lo que pienso, lo que callo.
Lo que antes de tocarte era parte de mi ser.

Me toca tirar los dados,
En nuestro tablero inventado
Hoy creo que no jugaré.
La partida no ha acabado,
Pero el tiempo no ha parado,
Y me ha obligado a entender
Que es peligroso…y tengo mucho que perder.

Puede ser que mis sentidos
Congelaran la razón
Puede que, tras un suspiro,
Este humo que respiro,
Consumiera mi ambición.
Qué más da si vas o vienes,
Yo no sé si vengo o voy,
Que al final lo que uno tiene,
Es más frágil si lo quieres,
Que sin prestar atención.

No preguntes qué me pasa,
Ya no pienso responder.
Cuatro años nos avalan
en esta absurda cruzada
de querernos sin querer.
“La vida es impredecible”,
me dijiste aquella vez,
es curioso que a estas horas
seas tú el que me llora,
mientras yo subo a otro tren.

Si me pierdo no me busques,
Si te encuentro quiéreme,
Si me paro no me esperes
Y si corro, lárgate.

Me toca tirar los dados,
En nuestro tablero inventado
Hoy creo que no jugaré.
La partida no ha acabado,
Pero el tiempo no ha parado,
Y me ha obligado a entender
Que es peligroso…y tengo mucho que perder.

viernes, 24 de octubre de 2008

Cuentos en la oscuridad

Al amparo de la luna, un papel, coñac y pluma
recuerdan a quien un día,
sin dejar notas de aviso,
con más prisa, que permiso
me dejó como la una.

En cada verso que hoy te brindo,
va inmerso el desequilibrio de una balanza olvidada.
Que cargaba con mil besos,
sin querer ni ver, por miedo,
que tus ganas no pesaban.

Fue una noche de algún mes,
Tú pasabas por allí.
A tu cuerpo me entregué,
es más fácil que te lleven
que moverte con los pies.

Me hice experta en exigir, olvidándome vivir.
Pretendiendo hacerlo todo a mi manera.
No me di oportunidad de asumir que, por amar, entendías esa forma tan austera.
Consecuencias de querer, aunque fuera alguna vez,
poder dormir sin llorar,
imaginando cuentos en la oscuridad.


No fue culpa de un tercero
ni segundo, ni primero
sólo fue la madrugada
que, de tanto querer querernos,
nos heló en el frío invierno
tras tantas malas jugadas.

Obligarnos a entendernos
fue más duro que el infierno.
No era el día ni el lugar.
Y por fin hoy lo comprendo,
No era amor, no era un 'te quiero',
No era fuego, no era paz.
Sólo fuimos dos heridos
Por la vida y por los vivos,
Buscando desesperados,
alguien con quien olvidar.

Fue una noche de algún mes,
Tú pasabas por allí.
A tu cuerpo me entregué,
es más fácil que te lleven
que moverte con los pies.

Fui experta en exigir, olvidándome vivir.
Pretendiendo hacerlo todo a mi manera.
No me di oportunidad de asumir que, por amar, entendías esa forma tan austera.
Consecuencias de querer, aunque fuera alguna vez,
poder dormir sin llorar,
imaginando cuentos en la oscuridad.





Historia de dos personas que confundieron amar con conformarse; querer con necesitar, y sentimiento con compañía. Ella tardó en darse cuenta de que, si sientes que agonizas, has de moverte con tus pies, aprender a andar de nuevo, y no entregar tu alma al primero que te haga caso, esperando que con él, desaparezca para siempre la lluvia.