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jueves, 1 de septiembre de 2011

Reconstruyendo mi conciencia

Era inevitable que volviéramos a unirnos. Tú. Yo. Nosotros. Y el abrumador silencio sobreviviendo al cegador brillo de nuestros ojos.

De un lado, la sonrisa que olvidé. Del otro, cada sueño en que te pienso. Tan rematadamente absurdo que parece haber nacido en ninguna parte. Tan desgarrador, que parece un grito ahogado desde el fondo de un abismo. Contradictorios, como siempre fuimos. Felices, como alguna vez creímos ser.

Y no. No es sólo amor esto que escribo. Es más, incalculable, infinito. Es el regreso al lugar del que tantas veces me alejo sin la más mínima intención de irme. A donde procuro volver por mil caminos, sin recordar en cuál de ellos fui tirando las migas de pan. Al que creo haber llegado cuando confundo la seguridad con burdos momentos de paz imaginaria. Espejismos que apenas me ofrecen un devastado peldaño desde el que alcanzar algo de luz.

Pero hemos vuelto a unirnos. Y desde la altura en la que te abrazo, no existe un respiro en el que pueda permitirme pensar en perderte. Aun sabiendo que te ignoraré de nuevo. Incluso siendo consciente de que, quizá no dentro de mucho, celebraré otra vez que miramos al sol, tras espantar las nubes que estropeen nuestro momento.

Porque hay una constante insostenible que se antoja inevitable cuando se trata de escribir las páginas de este cuento. Pero el presente me empuja de nuevo aquí a fundirme contigo sin miedo. Hasta cuando tenga que ser.

Trataré de no volver a dejarme. Ahora, de nuevo unida conmigo, no puedo dejar de sentirme viva.


lunes, 17 de diciembre de 2007

Grandes Zancadas en esto de vivir (III)

"No importa cuánto te lastime algo; a veces, dejarlo atrás es aún más doloroso"

Esta es de esas frases que te crees porque te conviene. Porque, aún sabiendo que no puedes dar más de sí, mantienes cosas en tu vida que te hacen daño, y es muy fácil ponerla como excusa. Es muy fácil creertela. Como esa que reza "merece la pena cada momento malo, sólo por un rato bueno" . Como tantas y tantas frases que pasan a ser las premisas que mueven tus días. Sin saber cómo ni por qué, acabas dentro de un remolino que no deja de girar y del que olvidaste el camino de salida. Repitiendo una y otra vez las mismas tonterías; aferrándote a algo que, en realidad, sabes que te está consumiendo. A veces, consigues darte cuenta por ti misma de que tienes que salir de ahí; otras, es un hecho inesperado en forma de gota que colma el vaso el que te abre los ojos de manera desgarradora. Y duele. Duele mucho. Porque, al final acaba siendo cierto que no importa el dolor que sientes, pues nunca será comparado al que que va acompañado del 'adios' definitivo. Pero, nadie dijo que fuera fácil. Lo ideal es no empeñarse en hacerlo extremadamente dificil. Cuando ves claro que sólo tienes un cámino, una opción...cuando sientes que ya no puedes más; olvidas todas esas frases que sostenían una gran mentira para creerte la definitiva "Cuando el cansancio y el dolor te consumen, no hay nada, absolutamente nada, que te haga permanecer parada". Y actuas; sabiendo que es la mejor opción; que no hay lugar al arrepentimiento y que, al final, lo que determina todo, es, precisamente, el dolor que te produce algo cuando lo dejas marchar, no cuando lo mantienes. Porque es este dolor el que algún día acabará convirtiéndose en una sabia lección; en orgullo y en satisfacción por haber sabido pensar en ti misma y haber conseguido hacer lo correcto. Hay un abismo entre los que damos el paso y entre los que aún lloran sin hacer nada para remediarlo. En sus manos está ponerle fin. Es tan simple como poner un pie delante del otro... y dar una gran zancada ;-)

martes, 29 de mayo de 2007

Grandes Zancadas en esto de vivir (I)

Y allí se vio, sola.
Aquel lugar que tantas veces la había visto reir, era ahora el escenario de su tarde más amarga, el refugio de su más aplastante soledad, el lugar donde adquiría ahora más razones para culparse.
Pero, tras un rato de pensamientos entrelazados,se dio cuenta...¿acaso era culpa suya?...Fue en ese momento, y sólo en ese momento, cuando, por fin, comprendió todo.

...Y se sintió feliz de haberlo descifrado...
...E, ironicamente, se sintió feliz de haber comprendido que sólo se tenía a sí misma...

...Pensó que había aprendido una importante lección...