miércoles, 7 de septiembre de 2011
Cuando la conciencia duerme
Mi única imagen certera es la de su mirada susurrándome. Mi único consuelo, la ventaja que ha querido concedernos el tiempo.
Se despidió sin apenas saludarme. Se esfumó sin que nada indicase que estuvo allí. El ruido del baile de las hojas, festejando con su vuelo la llegada del otoño, se acopló a mis oídos, cual banda sonora de escenas inolvidables. Y, mientras pensaba en todo lo que me dijiste sin hablar -quizá sin haber estado jamás frente a mí- supe que, otra vez, había bebido demasiado.
La marcha etílica de mis latidos sonaba a melódico rock. Mi cuerpo, alborotado, descontrolado, se había contagiado por el ambiente y se disponía a seguir el ritmo frenético de las hojas, que ya convertían la calzada en una alfombra de piel caduca, como una desgarradora metáfora de lo efímero.
Cuando creía haber encontrado la prueba de que no actuaba en el estúpido escenario de lo onírico, un chirriante sonido dejó helados a mis sentidos que, aterrorizados, decidieron marcharse a dormir para que yo pudiera despertar. Y, quizá, encontrarte entre realidades que, vistas desde aquí, no parecen tan inalcanzables.
domingo, 21 de agosto de 2011
La única manera
Decidí llenar de humo mis pulmones y, a la luz del flexo, redactar línea por línea cada historia de escepticismo que nunca antes me creí.
Apagué en un parpadeo el ardor de mis suspiros y deshice las puntadas que sujetaban mis andrajos, hechos con hilos de vieja ambición.
Cuando asesiné a mi rabia con un golpe de voz desgarradora, me dispuse a destruir letra por letra los melosos versos que aquella noche cerrada te dediqué entre sonrisas, mientras tú jurabas fidelidad a un incierto amanecer que no terminaba de parir al sol.
Después de todo, sólo me queda esperar a que me mires de nuevo. Quizá ya ni eso me queda. Quizá no pretendo que me quede. O que te quedes, si es que alguna vez te fuiste.
Así que sí. Elegí la indiferencia. Me decanté por ella como la única salida de ese abismo, donde me faltaba el aire y la altura se me antojaba hazaña suicida. El único suelo contra el que estrellarme tras un salto necesario. La única manera que he encontrado para emprender el duro camino de intentar olvidarte.
domingo, 28 de marzo de 2010
Volver a empezar
viernes, 12 de diciembre de 2008
Miradas que asesinan
Sus ojos clavados en los mios parecían pedirme clemencia, y, de forma paradójica, parecían perdonarme la vida a la vez. Pero yo miraba fijamente.
Fueron pocos segundos, quizá cinco...Pero para mí era una lucha eterna. No moví ni un milímetro mi cuerpo, desafiante bajo el marco de la puerta. Como si de una foto se tratase, permanecí inmóvil todo el tiempo. No existía ninguna razón aparente para creer que, pese a esa estructura de hierro en la que me había convertido, mi alma estaba soñando en ese instante con que tan sólo fuera una historia inventada más. De esas que surgen cada minuto en mi cabeza. De esas que han construido una vida paralela, para huir de las miradas que nunca quisé mirar.
Y, lo cierto es que, llegado este día, siento que al fin he subido al barco en el que nunca quise zarpar.
jueves, 20 de noviembre de 2008
La importancia del camino
La sala era enorme, casi intimidaba; cualquiera se sentía pequeño entre aquellas paredes de madera de pino, agónicas por el paso del tiempo. Al fondo del austero salón había una puerta cerrada. Incomprensiblemente, nadie se atrevía a abrirla.
La luz entraba por la colosal bóveda, centrando su haz sólo en el centro, permitiendo así rincones oscuros donde pasar desapercibido.
Y allí, en una de esas esquinas, agazapada en el suelo, estaba ella. Vestía cara de pena y zapatos azules. Se preguntaba, una vez tras otra, cómo había llegado allí. Asustada, observaba minuciosamente a cada uno de los presentes. Uno por uno; sin excepción.
Desde su rincón tenebroso, podía ver a aquella ama de casa, de mediana edad, que comentaba sus teorías sobre el misterioso lugar con una ejecutiva que, con el brillo del éxito en sus ojos, la miraba sin prestar la más mínima atención.
A su lado, un joven con chandal. Su rol de deportista de élite se adivinaba en su cuerpo fibroso y en esa absurda obsesión por evitar cualquier contacto con la gente que le rodeaba, a quienes miraba por encima del hombro.
En el centro de la sala, erguido bajo la luz, un señor trajeado. Su presencia impecable se hacía un hueco entre el atronador murmullo. Su voz, por encima de la de cualquiera, parecía tener el deber de darle órdenes a todo el mundo. De sus palabras se desprendía una molesta doble moral que bailaba entre el deseo de tranquilizar y las ansias de dominar al grupo. Sin embargo, entre sus ideas para salvarse, no estaba acercarse a la puerta.
Ella permanecía en su rincón. Juzgando, pensando. Intentando analizar a sus desconocidos amigos.
En uno de sus paseos mentales, comprendió una verdad extraordinaria pero, paradójicamente, estaba temblando de miedo.
Cuando el sol comenzaba a relajarse en el oeste, se levantó. Y, con la sensación de ser invisible, se acercó hasta la puerta. Giró el pomo y salió. Aunque no tenía muy claro si salía o entraba.
Al ver el gigantesco salón desde el otro lado, no podía dejar de pensar en por qué nadie había traspasado antes esa puerta. La idea de haber sido la primera en hacerlo le taladraba los sentidos. Sólo el hecho de pensar que había abierto la puerta de la vida -de su vida- parecía romperla por dentro. Quería, sí. Pero, lo encontraba ferozmente complicado. Había hallado la manera de vivir que todos buscan; una perspectiva paralela llena de perpendiculares que escoger. Tanta libertad le dejaba sin aliento. Casi ahogada y temblando, volvió a girar el pomo y entró de nuevo. O salió.
Se sentó en su rincón y comenzó a escuchar al hombre trajeado.
...Al fin y al cabo, es más fácil hacer lo que todos hacen, que perseguir aquello que tú quieres hacer...
lunes, 14 de julio de 2008
Querer es el principio
-"El fondo. Ahi está, ¿lo ves?. Ya lo has tocado. Y ¿ahora qué? ¿Ha servido de algo?"
-Pues sí- contestó. Claro que le había servido y, justo en ese instante, volvió hacia el teléfono, y marcando aquellos números que de memoria recordaba, comenzó a hablar, sin dejarle tiempo a él para poco más que un Hola.
"Llegar hasta el fondo me ha servido. Verme rota, desolada y humillada me ha servido para ver hasta dónde puedo llegar, hasta qué punto mi dignidad es capaz de perderse a sí misma. Hasta qué nivel es capaz de sumergirse mi orgullo, cuánto tiempo es capaz de esconderse mi autoestima. Y ya no más. Ya no pierdo más mi alma, ya no lucho más por lo que ha resultado ser el error más grande de mi vida.
Ya no defiendo las conductas de nadie, ni mucho menos las mías. Ha sido un tiempo que debería ser borrado de la historia. Han sido tonterías, pasando una detrás de otra. Han sido cabreos, han sido lágrimas. Y nunca esperanza. O quizá la que había me la inventaba yo misma.
Ha sido la confirmación de lo que ya sabía, de lo que tú mismo me has gritado en silencio tanto tiempo. La confirmación de algo que yo no quería ver, pero que sabía desde el primer momento. Ha sido la confirmación de mi ceguera. Ha sido el colofón final de la pérdida de mis cimientos. El "cerrado por derribo" de lo que empecé a construir hace mucho tiempo.
Ha servido para darme cuenta de que la gente que ve las cosas desde fuera SIEMPRE tiene razón. Hay que escuchar, y yo nunca lo hice.
No se puede arreglar algo que no está roto, porque nunca existió. Estoy rota yo, pero no existe otra parte hecha pedazos. Nunca la hubo. Qué ingenua.
Me lo advertiste, yo me reí. Ahora te escudas en eso. No sé, de los dos, quién es el más inmaduro.
Que me perdonen por quererte, aunque debería ser condenada por haber perdido mi tiempo y dejarme manipular.
Culpa mía...era culpa mía...No, nunca lo fue. No se si alguien es culpable, pero, desde luego, mi conciencia está más que tranquila. Porque lo único que hice fue entregar mi alma inocente. Entera. Toda. Y ¿Para qué?. La respuesta es obvia.
Espero que algún día entiendas la magnitud de tus desprecios. Espero que llegues a comprender el terrible daño que me has hecho. Podías haber sido más honrado conmigo. Pero eso no va contigo. Claro que no.
Pero no te preocupes, porque en toda historia siempre hay una idiota que lo aguanta todo. Y en esta he sido yo. Con mi amor por bandera, fui aguntando día tras día. Yo soporté todo. Yo fingí que no sabía nada. Yo hice oidos sordos y cerré mis ojos...como quien se hace el loco. Así que lárgate tranquilo, porque fui yo la que aguanté todo. Tú, simplemente, jugaste un partido más.
Me siento utilizada. ¿Lo merezco? Claro que sí. Por tonta.
Te pido perdón por cada vez que he alargado esta historia, que tenía que haber terminado el mismo día que tu quisiste que terminara. Todo lo de después ha sido tiempo perdido.
Llamame injusta, llamame lo que quieras llamarme. O mejor, no me llames"
miércoles, 9 de abril de 2008
Pesadilla reminiscente
"Porque no importa cuánto duela alguien. Porque cinco minutos buenos recompensarán 23 horas y 55 minutos de sufrimiento. Si te tengo de alguna manera, ¿qué coño importo yo?"
Se despertó sobresaltada. Los números rojos del reloj de la mesilla eran la única luz que alumbraba la habitación, amén de las ranuras de la persiana. Las cuatro en punto. Estaba sudando y respiraba jadeante. Había tenido una horrible pesadilla.
En ella se olvidaba de sí misma por amor. Pasaba sus días bajo el suelo, conformándose, sin hacer ningún intento de subir arriba. Creía sonreir al lado correcto de la vida, creía estar perfectamente; pero, se engañaba. Era capaz de recitar una por una las excusas que solía anteponer a la verdad. Y hasta se las creía. Sabía que aquello no estaba bien, pero, al cabo de un suspiro se olvidaba y volvía a ilusionarse incluso con lo más insignificante que recibía de aquella persona que le atrapaba. Lloraba, se deprimía, pero daba igual, siempre volvía a las andadas. No se daba cuenta de que, hacía ya mucho tiempo, se había perdido. Había desaparecido. Que los espejismos de felicidad no eran nada más que eso, espejismos.
Afortunadamente para ella esto sólo era un mal sueño. Se levantó de la cama; y, aún nerviosa por el susto, se dirigió a la cocina a por un poco de agua. Y vuelta a dormir. Placidamente.
Porque ella sabía que no era tan gilipollas como para dejar que esa pesadilla se volviera realidad otra vez. Porque ella sabía que nadie, absolutamente nadie, por muy idealizado que lo tengas, merecerá que sufras de esa absurda manera. Porque ella sabía que lo primero es pensar en uno mismo. Y vivir. Y lo sabía, porque aquella pesadilla que le había despertado en medio de la noche no era un mal sueño: era un recuerdo.
Un recuerdo de un error del que aprendió tanto que hasta se siente orgullosa. Un recuerdo del que no cambia ni un solo segundo; porque es un recuerdo que asusta, pero no duele. Porque cuando echa la vista atrás sonríe por haber sido capaz de salir de aquella cárcel. Porque dio un paso enorme que, lo mismo que liberaba, dolía. Dolía muchísimo. Sintió un dolor desgarrador contra el que tuvo que enfrentarse. Una guerra imposible de la que, tras muchas batallas, finalmente salió vencedora. Porque tenía la mejor de las armas: la voluntad. Porque sabía que lo único que necesitas para querer vencer es QUERER. Y si quieres lo haces; si quieres no te rindes; y si quieres vences. Ganas. Triunfas. VIVES. No es fácil, pero, es necesario.
"...Si crees que estás bien donde estás; si piensas que es hasta ahí donde puedes llegar; si crees que puedes permanecer ahí parado y piensas que bajo el suelo no estás perdido; entonces, ¿por qué el resto del mundo estamos aquí arriba?"
lunes, 19 de noviembre de 2007
El mejor recurso
Harta de no alcanzar la coherencia con la que se visten las letras unidas, decidió, simplemente, dejar hablar a las canciones.
boomp3.com
martes, 13 de noviembre de 2007
Desafiando al Sol
Pero yo no me canso de desafiarle. Mi absurdo inconformismo, me impulsa cada día a alzar la mirada hacia su aura cegadora. A través de los cristales de un vagón de tren cualquiera, clavo mis ojos en los suyos -que todo lo ven- y le reto al más apasionante de los duelos,la lucha de todas las luchas; vencer al miedo, sentirme cerca de aquel que sólo es vencido por las nubes.
...Y siempre gana, él siempre gana...mis ojos terminan cerrándose derrotados, agacho la cabeza asumiendo mi fracaso, y mi conciencia me repite que debo asumir mi inferioridad; que quizá debo comprender, por fin, que existen las metas imposibles...
Pero, yo no me canso de desafiarle...vuelvo a armarme de valor, vuelvo a la carga, vuelvo a levantar cabeza. No importa que luego caiga; jamás me conformaré con pensar que todo está perdido. Seguiré en mi posición, no cesaré mis intentos de victoria. Aunque durante un rato me sienta hundida; aunque su reflejo invada mi retina y me olbigue a convivir con su repelente luz amarilla allá donde voy. Ahí seguiré, demostrándole mi valentía. Demostrando que, por muchas partidas que haya perdido, por muchos momentos en los que haya pensando en abandonar, existe una razón infinitamente fuerte que me empuja a seguir peleando. Y, a menos que aparezca la luna, no tengo otra máxima que llene mis días.
Lo cierto es que cada día me hace menos daño mirarle fijamente; será que, después de tanto, ha sabido reconocer el merito de mi osadía. Quizá es que sólo yo he sabido comprender su poder. O quizá es que ya ni las nubes lo miran y en mi desafío encuentra una pequeña tarea con la que estar entretenido.
Sea lo que sea, yo jamás me cansaré. Soy así de inconformista.
jueves, 25 de octubre de 2007
Lo que dura un café
Entre zancadas tímidas y un notable estado de somnolencia, consiguió llegar hasta la cocina; el primer paso de cuantos, rutinariamente, componían su día. Cual melodía mil veces interpretada; cual trayecto de un tren de cercanías, que recorre siempre el mismo camino, parándose en las mismas estaciones, con los mismos pasajeros, la misma velocidad...esperando únicamente que un retraso o una situacion excepcional le obliguen a cambiar de rumbo.
Así se sentía. Como si cada día fuera igual que ayer y de extraordinario parecido a mañana.
Se sentó frente a la ventana a ver pasar los minutos, mientras saboreaba su primer café de la misma mañana de siempre.
Pero, algo en su cabeza le obligaba a creer que todo iba a ser diferente. Primer sorbo. ¿Por qué malgastar la vida haciendo lo que no quieres?
Volvió a beber, mientras los gritos que salían de las gargantas de cientos de niños de camino al colegio le provocaban una cierta sensación de nostalgia.
¿Realmente imaginaba mi vida así cuando era sólo una niña?
Un sorbo más. Su conciencia le hablaba aún más fuerte. ¿Por qué hundirme en el dolor y la rutina, en lugar de luchar por un cambio?.
Apenas le quedaba un último sorbo cuando comprendió que de nada servía lamentarse si no hacía nada para borrar esos lamentos. Que sí no le gustaba su vida, quizá debería intentar cambiarla. Era consciente de que no era fácil, pero eso no le asustaba. La sensación de emprender el camino a la felicidad le parecía excitante; y, pensar en el premio por llegar al final, era el mayor de los estimulantes.
Entendió realmente el sentido de la vida, de su vida, y abrió los ojos ante lo mucho que aún quedaba por vivir. Quizá nunca es tarde. Quizá nosotros nos aferramos a esa idea, a habitar en la comodidad de quejarnos, evitando a toda costa el esfuerzo de luchar por ser felices.
Quizá después de todo, triunfar está únicamente en nuestras manos. ¿Por qué no vivir de la mano de un ramo de seguridad, ganas y fuerza? ¿Por qué no conservar la inocencia de creer que no hay nada imposible? No importa que el camino sea extremadamente duro, si tras recorrerlo, recibes la ansiada recompensa.
Su conciencia supo en ese momento que había cumplido con su trabajo. De repente, al mismo tiempo que en su cara se intuía una sonrisa, el sol comenzó a pasearse por el cielo que acentuaba aún más el brillo que nacía en sus ojos. El invierno permanente de su rostro cansado, dio paso a una primavera transitoria que, poco tiempo después, dejaría su puesto al más calido de los veranos.
Bebió el último sorbo de aquella taza y, con firmeza, se dispuso a vestirse. Era un día duro; el primer día del resto de su vida.
Y, empezando a flirtear con la felicidad, se dio cuenta de que, a veces, nos empeñamos en hacer dificil lo fácil. Que, en ocasiones, lo único que debemos de hacer es analizar la situación, y escuchar a nuestra sabia conciencia que, tan sólo en lo que dura un café, es capaz de hacernos sentir más vivos que nunca.
sábado, 29 de septiembre de 2007
...Y volver...
Y qué escribo?- pregunté
Lo que quieras- contestó
...Como si fuera tan fácil. Como si yo pudiera escribir lo que quiera, lo que busco, lo que ansío. Como si supiera distinguir entre lo que necesito escribir y lo que me apetece, lo que debiera o no. Como si descifrar mis pensamientos y plasmarlos aquí fuera tarea fácil.
Como si no fuera cada días más complicado entenderme, como si el ardor de mente del que tantas veces me quejé hubiera desaparecido. Como si comprender los gritos de mi conciencia, que me atacan, que me asustan, me alentan, me ayudan; no fuera la interminable tarea de todos mis días. Como si no fueran contradicciones las que vivo, como si no fueran contradicciones lo que escribo, lo que intento escribir, lo que ni siquiera intento.
Escribir lo que quiera...como si pudiera, como si fuera posible. Como posible e imposible es olvidar. Como frágil es el recuerdo, como fuertes son mis pisadas, como agobiante es el aire que me libera. Como triste es aprender de lo vivido, como alegre es tan sólo aprender. Como incesantes son las ganas de cansarme, como cansarme cesa mis intentos de seguir.
Como abstracto es pretender aclarar mis dudas, como claras son las muchas que me abruman.
Como tarde es pretender cambiar pasados, como pasados son los cambios que sufrí.
Escribir...escribir...escribir...Y, ¿sobre qué?-volví a preguntar...
...Si me aburro de mis miedos, me empacho de mis ganas, aborrezco mis desaires y maldigo cada verso. Si hasta yo misma me canso de no entenderme.
-Cómo si fuera tan facíl escribir cuando te marchas, cuando me dejas...-le reproché.
La conversación tornó hacia un ambiente tenso, cambió radicalmente de eje. Ahora sus ataques iban contra mis dudas, mis contradicciones, mis absurdas tormentas llenas de nada ni nadie. Y cerró la ventana. Cerró las puertas. No había salida; no había escape. Se sentó junto a mí y prometió permanecer a mi lado. Juró que si algun día volvía a marcharse, una vez más, volvería a regresar. Porque siempre vuelve...la inspiración siempre vuelve.
;-)
viernes, 31 de agosto de 2007
Moonlight
-No puedo- respondí, absorta en un halo de confusión y pena.
La luna, sorprendida por mi respuesta, aparcó por un momentos sus atareados quehaceres y, clavando su mirada en mi rostro, me contestó:
-La escalera, amiga mía, la encontrarás ante ti cuando abras los ojos"

...Piensa en lo lejos que estaba la luna y lo imposible de llegar allí, y, ahora... ;-)
jueves, 23 de agosto de 2007
Escala de grises
Que he sentido el impulso de sentarme frente a la pantalla, en el silencio de la noche, para matar el tiempo. Para que deje de abrumarme con sus oscuros gritos, que, segundo a segundo, hacen engordar a la tristeza que acompaña, cual siamesa, mis momentos. Es probable que el amanecer, que ya avisa de que llega, traiga consigo un sin fin de colores, una nueva escala con la que dibujar un día intenso. Esto, más que probable, es absolutamente incierto.
Puede ser que, en algún momento de este día ya muerto, en el más lúgubre callejón de cuantos recorren mi alma, me chocara con puertas hacia otros lugares más calidos, menos solitarios, más excelsos. Puede ser que yo misma las tenga cerradas,puede ser que me equivoque, puede ser que no haya alma, puede ser que sea un sueño,que no haya puertas, ni callejones...puede ser que nada sea cierto.
Quizá es el ánimo el que escribe, quizá no son mis dedos. Quizá esta madrugada helada de verano extraño es una de tantas noches al amparo de la luna, sin abrigo, ni ganas de dormir ni despertar. Quizá esta madrugada helada de verano extraño, sin sol, ni brisa, ni proyectos, ni sonrisas; sólo tenga el deber de anunciarme que, como cada día, despertaré pensando en que hoy es ayer, y que mañana...mañana será exactamente lo mismo.
miércoles, 8 de agosto de 2007
Historia sin final
Me ha sorprendido la melancolía, entrando otra vez sin llamar. Recordándome, como cada día, que este camino no tiene final.
Estoy amueblando mi vida con muebles que nunca podré comprar, y sigo apostando por lo imposible, aunque el dolor es lo único que llego a ganar.
Sigo esperando ese tren que no llega, con el billete borrado de tanto llorar. La estación de la espera tiene un andén fantasma, del que por más que intento no puedo escapar. Los trenes que pasan me pitan y esperan, daría lo que fuera por poder viajar. Pero como imbecil me quedo sentada, no eres tú el que conduces, me vuelvo a esperar.
La esperanza murió hace ya mucho tiempo, pero aún me queda la ingenuidad que me ayuda a seguir construyendo este sueño, que por mucho que quiero no llego a alcanzar. Mi gran historia perdió su sentido, cuando supe que se había borrado el final. Ahora le busco uno alternativo, pero ¿qué sentido tiene si tú no estarás?
Entre rejas de angustia vivo atrapada, pero aunque lo intente no puedo escapar, me he puesto yo mis propias esposas...qué triste ironía, pero qué gran verdad. Cuando alguna vez he abierto los ojos, y en otros trenes me he dispuesto a explorar, te he visto tan lejos que rápidamente, sin importar que sufriera los he vuelto a cerrar.
Demasiado ha llovido desde que empezó el rodaje, de esta película muda y sin final, cómo quieres que algún día llegue a estrenarse, si el protagonista se larga para no volver más. A nadie le interesa ver a una niña, anclada sin rumbo, si no va a zarpar. Sólo se venden finales felices, qué pena que mi película sea la más triste realidad.
Perdí hace tiempo la razón y la firmeza, y aquello que nunca pensé que iba a olvidar, la filosofía que defiendo son palabras sin sentido, que solo consiguen convencer a los demás. Intento poner órden y, lo siento, me he perdido...ahora me toca volver a empezar. Repito cada hora esta absurda tarea, ni siquiera recuerdo lo que quiero ordenar. Atrás quedó la época en que yo era lo importante, ahora la importancia se ha encandilado de mi debilidad.
Mi cabeza se manifiesta, no le gusta la okupación, lleva aguantando años y años tu estancia sin permisión. Pero no se da cuenta de que quiere y no puede, que lo intenta sin ilusión, y es que no sé por qué razón extraña, hasta a mi mente has dejado en estado de demolición.
Para mi sorpresa aún está aquí la coherencia, que ejerce de jefe y me pide que despida al corazón. Y rendida ante la impotencia le digo que me costaría más cara la indemnización.
Recuerdo la vez que te vi parado en la vía, yo te pregunté si podía montar. Te lo pensaste durante unos segundos y me dijiste que sería mejor seguir tu camino en soledad. Ese absurdo miedo a descarrilar...
Si por casualidad te preguntas si todavía no he cesado de esperar, acercate y mírame a los ojos...te están gritando aunque nos los quieras escuchar. Y si algún día consigo darle a esta historia un final, habré coronado la cumbre que más he ansiado jamás. El fantasma de la esperanza me hace volver a soñar que la corono contigo...¿no ves que ni siquiera he aprendido a aceptar la realidad? Hace tiempo que cesé mis intentos de escalar, porque cada vez que he llegado arriba he vuelto a caer sin más, y ya no me quedan fuerzas para volverlo a intentar.
...Y así paso los días, desde que la vida, por simple capricho, nos quiso juntar, pero no de la forma que yo pretendía, y mi inconformismo me hace enfermar. Me paso las horas golpeando este suelo, ese que tu pisas y que yo ni llego a tocar. Si oyes un golpe soy yo desde abajo, intentando subir a acompañarte en tu caminar.

Aviso para navegante(s)...si haces memoria, recordarás que esto no va por ti. Por si acaso.
jueves, 2 de agosto de 2007
Heridas
Algunas muy profundas, otras menos...pero heridas al fin y al cabo. Heridas que, por pequeñas que sean, ya sirven para que todo sea diferente.
A veces, se abre una herida tan grande, tan dolorosa, tan profunda y tan molesta, que no puedes pensar en otra cosa. Y empleas todo tu tiempo en intentar cerrarla. Y lo consigues. Día tras día te va doliendo menos...Hasta que un día te levantas y ya ha dejado de sangrar. Pero, esa herida que ya no sangra, sigue recordandote el dolor que pasaste en forma de cicatriz. Permanente. Para siempre. Las cicatrices no se borran.
Y ahí está, cual marca de herida de guerra, desafiante, refrescandote la memoria por si, de casualidad, te olvidaste de que existió.
Pero nunca se olvida, y ya nada vuelve a ser como antes.
Quizá es que nunca hubo un "como antes". O quizá yo no lo encuentro. Puede ser que perdiera la razón en alguna parte, hace tiempo.
Hay otras heridas que te empeñas en decir que no duelen, ni sangran, ni existen, pero que, después, cada noche, cuando nadie mira, te hacen retorcerte de rabia, dolor, e impotencia por no saber cerrarlas.
E, inexplicablemente, hay heridas que te empeñas en mantener abiertas, pues crees que mantener el dolor, la tensión y la pena, es la única forma de recuperar lo perdido. Qué tontería. Nada ni nadie merece que mantengas la herida abierta. Pero lo hacemos.
Heridas que abres, heridas que te abren, heridas que te dejas abrir, unas duelen más, otras menos, otras se curan en seguida, otras perduran un largo tiempo.
Y, otras, que creías cerradas, te sorprenden sangrando cuando menos te lo esperas.
El tiempo las cura, pero nadié habló del tiempo que pasa hasta que esto ocurre. Y nadie se dio cuenta de que la cicatriz nunca desaparece.NUNCA.
jueves, 21 de junio de 2007
Los cuentos...cuentos son
Vivía en el Castillo del malvado Rey, su padre, con la Reina tapada, su madre, y el Principe triste, su hermano. Pero ella era feliz consigo misma, encerrada entre las cuatro paredes de sus aposentos. Tenía el más preciado tesoro, aquel que su hada madrina le concedió al nacer...el don de la fuerza, del espíritu de lucha, el don de salir adelante, obviando las adversidades y saltando por encima de ellas.
Pero, el mismo día que su hada le hacía este preciado regalo, la malvada bruja del reino dejaba caer sobre la princesa una maldición: "el día que tu corazón deje de andar solo y fuerte, te convertirás en alguien debil y perderás el control de tu alma. Regalarás tu vida y sufrirás tu sola. Una venda en los ojos te impedirá amar con coherencia".
Y pasaron los años...
Un buen día apareció un apuesto caballero de ojos color cielo claro, y corazón de oro que enamoró a la princesa. Se sentía afortunada. Pero el don desapareció. Se cumplió la maldición de la malvada bruja.
La princesa se convirtió en un ser infeliz y debil, había regalado enteras su alma y su vida al apuesto caballero, y, aquella venda en los ojos que ahora llevaba le impedía ver las virtudes y cualidades de su pretendiente.
El caballero acabó cansado, pues su amor no tenía recompensa, acabó hastiado de tanta presión, pues la maldición de la princesa podía con todo. Y se marchó a su reino, cabalgando con su caballo, sin mirar atrás, pensando que aquello era lo mejor para los dos. Que su princesa valía más sola y fuerte, que triste y perdida por haber regalado su alma. Que su princesa había perdido su alegría, y la sonrisa que lo enamoró no la encontraba. Decidió partir, para que su princesa volviera a ser feliz.
Desde ese día, la princesa dormía entre lágrimas todas las noches, pensando en que jamás podría volver a vivir sin su apuesto caballero de ojos color cielo claro. Creía que había perdido toda su vida, que no sabría volver a soñar.
De una de sus miles de lágrimas derramadas, apareció su hada:
"Oh princesa...me duele tanto verte así...Tú siempre supiste luchar, tu siempre fuiste fuerte, siempre salías airosa de las situaciones adversas, siempre encandilabas a tu reino con tu espíritu positivo, tus ojos llenos de vida, y tu sonrisa permanente...Maldigo a la bruja que te hizo esto..."
Y la bruja apareció de entre las sombras:
"¿Es que no quereis daros cuenta? Toda persona es dueña y creadora de sus defectos y sus virtudes. Toda persona controla los tesoros y maldiciones. Tú, princesa, tú sola dejaste marchar tu alma, tú sola perdiste la sonrisa, y tú sola te impusiste aquella maldita venda, que no te dejó apreciar la belleza interior del apuesto caballero. Tú sola te dejaste perder"
-¡¡¡Márchate!!!- gritó llena de ira la princesa.
-No puedo marcharme...soy tú misma- replico la bruja.
-¿Qué estás diciendo?- preguntó la princesa triste, convertida ahora en un profundo océano de dudas.
-Intento decirte, querida princesa, que tú eres yo. Que el hada eres tú. Que sólo existimos en tu cabeza. Tú nos controlas. Estamos aquí porque tú nos has inventado. Estamos aquí porque tú quieres que estemos. Pero no existimos. Todo, mi querida princesa, lo has inventado tú.
La princesa dejó de llorar. Abrió los ojos. El día despertaba. Se vio sola. Ni el hada ni la bruja estaban con ella.
En ese momento comprendió que, ella había sido fuerte porque ella misma se había hecho fuerte, luchaba contra todo porque así había aprendido a vivir. Aquel don lo consiguió por sus propios medios. Y, aquella maldición, se la había creado ella sola. Cometió el error de regalar su alma. Tanto lo bueno como lo malo de su vida lo había sembrado y recogido ella sola.
Ahora veía todo claro...volvía a ser feliz. Pero...aún le faltaba el amor de su anhelado caballero de los ojos color cielo claro. Ahora que volvía a ser aquella princesa, orgullo de su reino, quería mostrarle al caballero todo lo que era. Y soñaba cada noche con que volviera...
Dicen que, todavía hoy, sigue soñando. Pero nunca pierde la sonrisa. Ahora tiene algo que antes no tenía. Se tenía a ella misma. Había recuperado su fortaleza y seguridad. Y luchaba por recuperar el amor de la única persona a la que había querido de verdad.
Quizá algún día coman perdices...

PD1: Cualquier parecido con la realidad es...precisamente eso, realidad ;-)
PD2: Hace mucho tiempo, alguien pidió a la princesa que escribira un cuento...El contacto se perdió con esa persona, pero, la princesa hoy se siente realizada por haber cumplido su promesa ;-)
domingo, 17 de junio de 2007
A long time ago
Convivo con la soledad propia de quien ama sin ser correspondido, y dona su alma sin recibir nada a cambio. Perdoname, pero a veces me encuentro perdida. Cómo puedo sentirme así,si estás aquí? Vuelve, no te veo. ¿Dónde estás?
Perdoname, pero, a veces siento que te da igual todo. Te importa excesivamente poco lo que recorre esta cabecita loca. Remolinos sin fin, absurdos en la mayoría de los casos...pero, verdaderas penas que no encuentran consuelo ni fin en otros tantos...
Nunca quise a nadie como te quiero a ti...Y me aferro a la idea de que me quieres y me necesitas,pero, estoy cansada. Cansada de aferrarme a esa idea abstracta que se manifiesta de forma que sólo entiende su autor. Que sólo entiendes tú y yo no llego a entender. Quiéreme, sólo te pido que me quieras,sólo eso, que me recuerdes algún día que soy algo para ti.
O ahora o ya nunca más...¿me quieres?
En ese momento,comenzó a llover...el cielo se volvió color corazón solitario,el día murió igual que había amanecido...Y al día siguiente, vuelta a empezar.

Nota: Esto fue escrito en marzo...ni fue, ni es real; pero me pareció algo bueno que colgar...
sábado, 26 de mayo de 2007
El minuto más largo
El minuto más largo
Ayer viejas rutinas volvieron a ser rutinarias en mi domingo por la noche. Hacía tiempo que no disfrutaba de un domingo en casa, película en el home cinema, comida china, lluvia en la calle...Si llego a saber que la noche iba a estar llena de ataques y reproches me quedo en mi mundo. A nadie le gusta darse cuenta de que los demás están en desacuerdo con sus hábitos.
Intentando no caer en el más enorme de los errores y evitando por todos los medios expulsar por esta boquita las auténticas perlas que rondaban mi cabecita loca, me fui a la cocina, agarré la cafetera y me preparé un café bien cargado antes de irme a mi cuarto a evadirme de la gran noche que se cocía en el salón.
Ritual habitual, leche semidesnatada, el café de la encimera, el azucar del mueble de la esquina, dos cucharadas y al micro. 1 minuto.
En ese momento apareció en la cocina, resumiendo con su gran filosofía inventada mis dos últimos meses de vida. Semana tras semana, comportamientos fuera de lo normal, malas contestaciones, ninguna responsabilidad...
Le miré con súplica, esperando que, gracias a la complicidad que dan los años, entendiera en mis ojos mi desesperación porque su discruso terminara. Y siguió.
Justo cuando me di cuenta de que la verdad duele, volví a clavar mis ojos tristes en el microondas. Aún faltaban 27 segundos. Tiempo suficiente para seguir filosofando contra mí. Fue, sin duda, el minuto más largo.
...Y el café salió frío...
lunes, 7 de mayo de 2007
Dear Heart
¿Cómo estás? Qué inoportuna la pregunta…pues sé de sobra que cada día encuentras menos color en tus latidos. Dicen que al principio todo es bonito. Te acuerdas? Aquellos días en los que parecía no correr el tiempo. Los besos en el coche. Los ‘te quiero’. Te acuerdas cuándo te sentías dulcemente preso de ese otro corazón? No podías escapar aunque quisieras, y yo bien sé que no querías. A mi no me engañas.
Fuiste feliz con aquel corazón que te recordaba que el sentimiento era mutuo. Yo también me acuerdo.
Ay corazón, que nostalgia, verdad?
Pero hoy seguimos siendo felices, no lo crees? Se que has tenido un pequeño conflicto con mi razón…ya la conoces, siempre cree sentirse dueña de ella misma, no le des importancia. Yo en realidad tengo fe ciega en ti, porque sé que seguimos siendo felices. Aunque sea sin aquellos momentos y a pesar de que hoy también esté a nuestro lado la puta sensación de indiferencia. No dejaremos que ella nos derrote. El otro corazón nos sigue dando fuerzas verdad? Yo sigo contigo. Sigo con él. Sé que no es lo mismo, pero la felicidad nos sigue visitando, no crees?
Sólo te pido que no escuches a la razón. Porque, querido corazón, ella es más fuerte que tu y puede hacernos mucho daño.
Sé que hoy tus latidos se están oscureciendo. Que a veces te sientes solo. Qué miras atrás lamentándote por aquello que crees perdido. Que aquel corazón que un día mordió tu mitad para quedarse con ella, ya no te dice aquellas palabras que te encogían de amor. Sólo te pido que no te rindas, que ya vendrán tiempos mejores. Trata bien a nuestro huésped, mima su rincón como si fuésemos uno. Porque eso es lo que somos. Somos uno. Aquel día apostamos por ello, y no podemos echarnos atrás. No, aunque duela. Te pido paciencia. Te pido que no me abandones. Si no te sientes cuidado en aquel rincón donde ahora habitas, ten claro que no es porque no seas bien recibido. Tienes allí tu casa. Eso tenlo por seguro. Él no te lo dice, pero yo sé que lo piensa. Y no hemos perdido nada, sólo que, después de tanto tiempo, parece que se olvida de lo bonito que es recordarlo. Y precisamente porque tu y yo sabemos lo bonito que es, no vamos a dejar de hacerlo. No vamos a dejar ni un ‘Te quiero’ en el tintero. Ni un beso sin salir de estos labios, ni una caricia escondida entre mis dedos. No olvidaremos aquellas canciones que nos recuerdan momentos, ni caeremos en el error de olvidar decir lo felices que somos, y lo que nos gusta despertarnos a su lado. No dejaremos de hacerlo, sencillamente porque a nosotros nos gustaría que nos lo recordaran también. Tú lo sabes. Sabes tan bien como yo, que para nosotros no existen las palabras de papel. Que no liberamos palabras para que se las lleve el viento. Que nos cuesta decirlas…pero que cuando las decimos van resguardadas bajo la más alta garantía que nuestro amor posee: la más absoluta sinceridad. Nunca te calles.
Recuerdas el consejo aquel que cambió nuestra existencia?...Nunca esperes nada de nadie, asi cada momento será un regalo…Mantenlo siempre y ama sin exigencias. Ama sin importar nada más.
Aguanta, corazón, hazlo por nosotros. Qué somos nosotros sin ese otro corazón? Bien sabes, querido compañero, lo que seríamos; y bien sabes que no queremos llegar a serlo, porque no seríamos nada.
Adelante, vive, ama, sueña…sigue haciéndolo como el primer día, incluso más, pon más fuerza, lucha…que todavía nos quedan la paciencia y la ilusión. Tu sabes que hace falta mucho dolor para que tu y yo perdamos eso, por mucho que la razón intente arrebatárnoslo.
A pesar de todo, querido corazón, no te garantizo que acabe rendida ante ella, tire la toalla, y pierda las fuerzas. No te garantizo, y te pido mil perdones, que nunca te vaya a dejar sólo. Lo único que puedo jurarte, y lo juro por ti, que eres lo más grande que tengo, es que el día que la razón conquiste mi alma por encima de tu amor ciego, será única y exclusivamente cuando hayas recuperado aquel trozo que te robaron. Nunca accederé a dejarte sólo y partido en dos. Sólo cuando sepa que vuelves a estar entero, la dejaré actuar. Y nunca antes; porque me conozco, y te conozco…y perderías hasta el ritmo de tus latidos. Y ni la razón podría arreglar semejante sensación.
Sólo quería que lo supieras.
Atentamente…El resto de tu alma.
viernes, 9 de febrero de 2007
Relato inacabado
Se despertó desnuda. La suave brisa del mar entraba por la ventana. La luna de agosto alumbraba las últimas horas de oscuridad, esperando impaciente su agonía con la salida del sol. Las siete y cuarto.
Se sentía vacía, como la fría soledad de su almohada. Buscaba y no encontraba. Una noche más al amparo de la madrugada. No recordaba cuando se había marchado su última conquista, ni siquiera recordaba su rostro, ni el calor de sus manos. Era sólo alguien más. Su vida giraba en torno a la extraña manía de querer tenerlo todo, pero ella no era el centro. El eje central del remolino de sus días se había marchado años atrás, llevándose consigo una maleta, un billete sin vuelta y el dinero ahorrado para la nueva casa. Desde entonces, Ana vive sin saber por qué, ama sin saber a quién y camina sin saber a dónde.
Unas voces interrumpen su descanso; había quedado para comer con Julia, y el reloj hacía tiempo que había pasado por la estación de las dos en punto. Con torpeza, Ana sale de la cama, saca una bata del armario y anda hacia la puerta, con el dolor intenso que producen unas copas de más.
“Llevo cuarenta minutos esperándote en el paseo”, protesta Julia. Ana la observa, tiene en sus ojos el brillo inconfundible de eso que llaman felicidad, un vestido rojo y un anillo reluciente en su mano derecha, cual estrella presumida que hace envidiar al firmamento.
“Perdona, anoche me acosté tarde”. Ana se ducha y se arregla en lo que dura un cigarro, y se dirigen al restaurante.
Julia y Ana son amigas desde que, por circunstancias de la vida, ésta se fue a vivir a Cádiz, dejando atrás sus estudios, su familia y a su novio Miguel, al que no le quedó más remedio que resignarse a ver marchar al amor de su vida detrás de un caprichoso médico dietista. Lo dejó todo por un amor que acabó consumiéndola por dentro y por fuera, dejándola muerta en vida, sin esperanza ni ilusión por seguir adelante.
El restaurante se escondía en una de las calles que dan a la Avenida, puertas rojas y un gran letrero que rezaba los platos del día, cristales oscuros y un cartel a la entrada que anunciaba la permisión de fumar en las zonas habilitadas.
Julia pide lasaña; Ana, después de un largo rato pensando, se decide por una ensalada, a pesar de que su extrema delgadez y la tristeza de su piel rosada eran cada vez más evidentes.
Los minutos van pasando con su rapidez debida, pero para Ana se hacen interminables. Aprecia a Julia, fue una de las pocas personas que le enseñaron a vivir tan lejos de su casa, pero no es capaz de soportar la idea de que exista alguien que tenga todo lo que ella perdió, ni soporta recordar lo que era ser feliz, ahora que ella no tenía nada.
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Era una mañana más de invierno, el sonido de la lluvia la despertó de su bello sueño. Miró a su derecha y ahí estaba él, dormido plácidamente, con el edredón arrugado entre sus piernas, acurrucado en posición fetal.