lunes, 8 de agosto de 2011

Un pequeño cuento

Dime qué quieres que escriba, si las palabras suenan vacías aunque me sobren las ganas de dejar mi corazón en estas líneas. Si se me agotan las ideas, y las letras se me hacen imposibles cuando intento acertar a componer lo que siento con la poca coherencia que me deja la ilusión.

No, no había sentido nunca así. Incluso cuando creía que no había nada más allá de los latidos que una vez guiaron mis pasos detrás de cualquiera. Cuando pensaba que lo sabía todo; que no había más amor que el que creí haber probado. Cuando vagaba convencida de haber vivido mis días a través de latidos ajenos. Ahora es cuando apareces tú, rompiendo todos los esquemas. Enseñándome un camino que creía saberme de memoria.

Y yo que, a veces, soy otra, que, a veces, soy nadie, resurjo del rincón oscuro donde habito, con la energía que me das, suficiente para saber que la vida es más amable de lo que acepté una vez.

Y río a carcajadas donde grité. Y sonrío donde una vez pensé que nunca volvería a hacerlo. Y te miro, y en tus ojos veo cuentos con final feliz, esos que nunca quise leer por temor a que no fueran ciertos.

Porque el brillo de mis ojos no me permite ocultar la felicidad que ahora me acompaña. Porque eres tú, y sólo tú. Y a ti te debo el placer de descubrir que la vida nos guarda un regalo inesperado. Incluso cuando crees que ya lo habías disfrutado. Incluso cuando piensas que nunca más vas a volver a querer. Hasta que un día te despiertas y comprendes que nunca antes habías querido.

domingo, 3 de julio de 2011

Destrozas mi anatomía. Conviertes mis cimientos en escombros, esparcidos por un solar desamparado, adonde no llega el aire, ni las ganas, ni la fuerza para seguir.

Cortas el camino que recorren mis cortos pasos. Rompes el equilibrio de mi frágil seguridad. Irrumpes con agresividad en mi ilusión por sentirme parte, y fulminas, con una sola palabra, el escaso positivismo que todavía acierto a conservar.

A veces te odio tanto que creo que te quiero. Otras te odio. Sin más.

Por ser el único que quiero que me entienda, sin entender que seas el único que no alcanzo a comprender. No sé si he provocado que me persiga tu ignorancia o clavas tus cuchillos en mi espalda por diversión.

Me apagas. Me anulas. Me impones. El miedo que no tengo con el resto del mundo, se concentra en mis latidos acelerados cuando se trata de ti. Nervios. Tensión. Pánico al fracaso, a una mala respuesta, a un rechazo, a que, simplemente, me hables como me hablas. Dime qué he hecho. Qué quieres de mí.

Si yo sólo pretendo que no me mates cuando me miras, ni me hundas en el subsuelo cuando reúno el valor suficiente para recordar cómo hablar cuando te tengo enfrente. Cuando intento mantener la compostura, como si no fueras un muro que se interpone entre mis risas y mis duelos. Como si no fueras tú quien decide cuándo y por qué ha sido un buen día. Como si no ejercieras de juez en el concurso de mis fracasos, de donde siempre salgo injusta vencedora.

Y no sé cuánto tiempo aguantaré no llevar el timón...


viernes, 17 de junio de 2011

Declaración

'Esa superioridad conmigo no te vale', le dije mientras las olas rompían contra nuestras almas rotas y rugía el sonido de un latido entrecortado.
Sé que entré en el club de los errores. Sé que alimenté mi fama con deslices etílicos. Pero créeme cuando te juro que eres tú el que argumenta mis sueños. El que pinta de sonrisas mis lienzos y dibuja paisajes de ilusión.

El fantasma de la prepotencia, presente, inevitable, me obliga a ocultarme bajo la pesada fuerza de la vergüenza. Y me insta a silenciar mis gritos, cuando me muero por pregonar que te necesito. Y que todas estas palabras vacías se resumen en un simple 'tú'.

Hoy no es poético mi desvarío, ni cuidado mi lenguaje. Lanzo sólo un alarido desesperado, una llamada de atención...una simple propuesta de terremotos comunes, que remuevan nuestras conciencias. Sólo una llamada a la suerte que te convenza de que mi vida sin ti no es placentera desde que te conozco y que, aunque muchos te odien, has despertado en mí mariposas quinceañeras.

Perdóname por la burda expresión. Contigo no quiero excederme. Contigo lo quiero todo. Y lo quiero sencillo, lo quiero ahora. Te quiero a ti.
Published with Blogger-droid v1.6.9

martes, 7 de junio de 2011

La enorme altura que nos separa

Y, al final, termino por mimetizar los llantos bajo la lluvia. Mientras intento no agachar demasiado la cabeza, aunque pese como si toda tu inmensidad saltara sobre mí. Demasiado para mi autoestima. Demasiado para mí. Así eres.

Y desde el vacío por el que caigo, sin alcanzar la mano que no me tiendes, un grito desgarrador sale de mi impotencia, ahogado como si el día no hubiera hecho más que empezar.

Tremendo dolor el que me provoca querer, de entre todo lo que se me ofrece, lo único que creo que nunca podré tener.

Y a cada segundo sonrío para suspirar de rabia poco tiempo después. Me elevas y me aplastas. Tan inevitable como mantener intacta una fachada que pide desesperada pintura de realidad. Tan amargo como una cama helada. Como un deseo imposible que ni siquiera me atrevo a perseguir.

Resignación con la que me niego a comprometerme, aun sabiendo que ya está el veredicto dictado. Inconformismo, esa lacra que me esclaviza con grilletes de ambición, aun sabiendo que todo sería más fácil si me reconciliara con los imposibles.

Y es que si no fueras tan oscuro, cerrado e inalcanzable, bucearía entre mis dudas buscando la forma de acercarme a tu mirada. En lugar de eso, recojo mis escombros esparcidos durante el día y recorro las vías mientras el cielo se empeña en dejar caer sobre mí una desgarradora metáfora que me recuerda que, incluso sabiendo que el sol puede acabar saliendo, no parece que las nubes vayan a reducir la enorme altura que nos separa.


jueves, 30 de diciembre de 2010

Reflexiones de fin de año

Destrozas mis segundos. Revientas mis latidos. Te busco y no me encuentro. Me buscas y te has ido. A veces es tan simple como respirar de madrugada, a veces tan difícil como lanzarse contra el suelo. Si me preguntas qué me queda, te diré que trozos de vida. Si me preguntas qué me dejo, te diré que todo lo demás.
A veces tan doloroso como decirte adios, a veces tan placentero como no haberte conocido.
Y tras olas y olas que arrastran la suciedad que dejamos, llega a la orilla un momento de calma, de pureza. Y es ese momento, justo ese momento, en el que te das cuenta de que la vida sigue, siempre a pesar de todo. Siempre a pesar de ti.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Reflexiones (II)

Tormenta de sensaciones que se entremezclan con primaveras. Lluvia que cala errores mientras la gente corre por la calle, dejando atrás las sombras. Dejando atrás la rabia, el tedio, la vida.

No pretendo hacerte responsable de mi amargura, ni pedirte que me tiendas la mano. Ni siquiera sé si quiero que sigas aquí.

A la pregunta de si te siento, respondo cada vez una cosa distinta. Cuando me piden que te defina, nunca sé por dónde empezar.

Me parece que es el fin, ya escucho llover en la calle. Y la gente sigue corriendo, sin percatarse de que ya nada volverá a ser como antes.

Cartas desesperadas (I)

Nadie te otorgó el derecho a machacar cada detalle de mi existencia, mientras clamas con rabia que no tienes mi atención.
Nadie, en un mundo lleno de lógica, podría entender que me mientas después de tanto tiempo.

Se me antoja absurdo que sigas inventando novelas para no admitir que aún habitas en la tierra de la vergüenza, jugando al escondite, matando tu alegría.

Que todavía no encuentro sentido a tus continuas descalificaciones. A las malas interpretaciones de mis actos.

Deberías saber ya que la diferencia que separa la sana práctica de pensar en uno mismo del error de decir todo lo que uno piensa es tan grande como la poca educación que últimamente te caracteriza.

Quizá yo piense mucho en mí, pero nunca escupo aquello que sé que salpica.
Quizá yo parezca ausente, pero no es fácil sobrevivir en medio de una tormenta.

Quizá no todo eres tú, y siempre tú, mientras me exiges que dé la talla.

No pretendas que sea inocente quien nunca lo fue. No me pidas que te enseñe el camino. No me hables de arrogancia. No me vuelvas a decir que se acabó.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Y, desde aquella noche...

Culpable por creer que en una noche cumpliría mis deseos. Culpable por pensar que, después de todo, no cambiaría nada.
Idiota por romper los lazos que nos unen, sincera por decir que se acabó.
Errores que te llevan al final de la carrera, incluso cuando no quedaba nada por ganar.
Una noche. Un recuerdo. Una fatídica decisión. Teníamos tanto que ahora no nos quedan ni sonrisas.
Y mientras pienso qué será de tu vida sin mí, entiendo que la mía no tiene demasiado sentido.
A veces pienso que no me importas. Y dibujo los recuerdos con tinta de punto final, para después llorar de rabia por tus ojos.
Dime de qué vale una locura si muere con ella la complicidad. Dime para qué sirvió unirnos en la oscuridad clandestina, si ahora no podemos ni mirarnos en la luz.
Una parte de mí quiere creer que seguiremos siendo envidia, celos, discusión. Pero la cordialidad que nos define desde aquel día acaba con todas las ilusiones.

Nos equivocamos, amigo. Que no te quepa ninguna duda.

Espero que el tiempo sea de nuevo sabio y junte los pedazos que aquella noche quedaron esparcidos por toda nuestra historia.

Te echo tanto de menos...



sábado, 20 de noviembre de 2010

Sólo quería escribirte

Y ya sé que soy un pasatiempo, un crucigrama en verano...

Y sé que no te importo, y que obvias mis costumbres...Y sé que, por más que quiero tu boca, tu te excusas en vidas que no alcanzo...
Sé que no pido nada, sé que no quiero pedir nada...Pero, quizá en un pequeño rincón odio a la vida por no ser justa con nosotros.

Pero me importas como si mi alma fuera a morir mañana. Y quisiera que el amor fuera una broma. Y ojalá tuviera el tiempo un deseo a conceder...

Es verdad que te odio por cada vez que te quiero...Y es cierto que me acuerdo de tu sonrisa, pero, no me digas que te interesa lo que jamás fue santo de tu devoción...

Es doloroso que cuando entiendes la mitad de lo que lloro, me grites que no entiendes la mitad de lo que digo. Y pienso que, quizá, en algún momento, quisiste decirme lo que callabas por miedo.

Pero no me engaño ni pretendo engañarte. Hay final sin principio. Hay mecanismos de defensa que aprietan más que las dudas. No quiero pensarte, aunque te pienso, No quiero sonrisas, aunque me ría. No quiero querer lo que quiero...aunque quiera que la historia sea de otro color. Ni, en el fondo de la histeria, encuentro razones para pedirte que me mires aunque sea de reojo.

Perdóname por estos versos que nacen de mi etílica razón. Perdóname si, alguna vez, te di a entender que es más difícil de lo que esperas. Aunque lo sea.

No me odies si te digo que no me arrepiento de nada y que, después de todo, sólo quería escribirte...

lunes, 28 de junio de 2010

:)

"...Y justo cuando entendió que lo que hace lucir al cielo no son las estrellas, decidió añadir una colilla más al cenicero, sonrió con complicidad a quien le miraba en el espejo, y se marchó a dormir, con la tranquilidad que otorga el tedio superado. Con la felicidad que aporta el no saber demasiado.
Y supo en ese momento que sólo quería vivir...Y sentir en su piel el calor recién llegado, y pensar sin pensar, llorar si tocaba, gritar a la almohada...Que no te arrebaten nunca tu capacidad de soñar..."





***3 a falta de una y a dormir, que ya se aproxima un día nuevo al que sobrevivir :)

Reflexiones...

Y cuando en el reloj suenan las doce me pregunto si no será culpa mía...Lejos de caer en un mar de inseguridades, se me ocurre que quizá busco excusas que colgarte cuando, después de todo, soy yo la que quiere borrar de un chasquido todos estos días. No porque hayan sido malos, sino porque no fueron mejores.

Y no necesito forzar los latidos, ni mentir a mi conciencia. Ni pienso pedir recetas de amor en la farmacia, ni soñar con que eres quien quiero que seas.

Vendí hace mucho aquellos tiempos al mejor postor, y gané más de lo que pretendí quedarme. Incluso cuando pensaba que perdía más de lo que nunca quise apostar.

Es por eso que no dudo de seguridad ni conciencia, pero sí de la maldad y la honradez que, lejos de ser contradictorio, van de la mano más veces de las que a ellas les gustaría.

Lo cierto es que no encuentro ni un gramo de lo que quiero y tampoco me apetece buscarlo.

Y ya no estoy para jugar a los amantes, ni para medir mi aguante, ni para trabajar sin que me paguen. Y no quiero retroceder tres años, perdiendo pasos, olvidando necesarios errores.

Cuando llegue es que ha llegado, de momento, ni busco ni desespero. Ni veo cuentos donde sólo hay tebeos, ni novelas donde nadie sabe leer.






miércoles, 23 de junio de 2010

...Esa maravillosa sensación

Y parece un día nuevo, un paso más, un cero en el contador, una envidia hacia aquellos que volvieron a escribir, un aburrido día de junio, un segundo de calma entre la rabia, un momento de sol tras el ciclón.

Y parece ironía que "volver a empezar" se llamara la mentira en forma de entrada que hace meses vomité. Y, sin saber aún si es cierto, declaro que mi intención es depositar de nuevo mis locuras en estas líneas. Con el sano objetivo de sentir de nuevo esa maravillosa sensación.

Y con osadía contradigo a un maestro, cuando afirmo, como despedida, que "al lugar donde has sido feliz, SIEMPRE debieras tratar de volver" ;)


domingo, 28 de marzo de 2010

Volver a empezar

De nuevo ante tus ojos. De nuevo ante los miedos.

Si alguna vez pudiera enmendar un error sería el de abandonarte. Porque te pienso cada minuto, y te odio, si me permites la osadía, por haberme juzgado antes de tiempo.

No sé por qué me ahogo en este pozo de nuevo. No sé cuándo olvidé nadar.
La amargura del deseo de sobreponerme a cada lágrima me hace, inevitablemente, volver a llorar.

Basten estos versos para decirte que sigues contando con mi esclavitud a ciegas, no importa cuándo me reclames. Basten estos versos para decirte que sigo soñando con dar una vuelta, olvidar todo...simplemente, volver a empezar.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Cúmulo de pensamientos

Y, ahora ¿qué?
Interrogaciones que bailan al son de mis desvaríos en cada rincón de mi cabeza, en cada resquicio de sensatez.
Quizá en algún momento tuve la clave, pero me fue arrebatada la capacidad de comprenderme. Porque me quiero y me odio, me hiero y curo mis heridas.

Aún me sorprende que te sorprendas; aún me emociona tú ilusión. Me da miedo verte y darme cuenta de que ya no duele. Me paraliza la idea de pensar que siempre me acompañaste y, ahora que no estás, es cuando más te quiero.

Porque me encanta que me mimes, mientras tú piensas que me defraudas. Porque me ahogo en mis propios mares...llenos de dudas, llenos de ti, de mí, de nadie.
Porque apareces como un día de buen sueño que se hace realidad, porque, quizá, las casualidades exiten.

Ni sé qué quiero escribir, ni a quién, ni por quién. Intento sin cesar encontrarle un sentido a este juego; una sonrisa que me recuerde que no está todo perdido.

Porque sé que no me equivoqué. Porque sé que es lo que quiero, lo que sé, lo que valgo.

Porque me miras y me alteras, te miro y...te sigo mirando. Te pido perdón y entiendes que es sólo cariño lo que llena mis intenciones.

No creas que puedo ponerle un remitente a mis pensamientos. Hoy se me antojó escupir cada palabra, expulsar cada lamento, plasmar la felicidad y llorar por lo que sueño.
La contradicción ha vuelto a casa después de un largo viaje, y, ahora, como parada en tierra de nadie, decido emprender la marcha hacia donde el tiempo, los días y el instinto quieran llevarme.

Aquí estoy. Creo que, desde que me encontré, nunca cometí el error de dejarme sola...




sábado, 29 de agosto de 2009

Receso finalizado

Entre escombros de mí misma desperté y, con cierto aire de melancolía, comprobé que, después de todo, tenías razón. Es imposible vivir sin ti.
Creí haber sobrevivido a tus exigencias y desaires. Convencí a mi conciencia de que no era necesaria tu ayuda. Incluso bajo aquella noche cerrada pretendí desafiarte llenando versos con la tinta de mi alma en cada letra. Pero nunca conseguí que el resultado fuera digno. Ni siquiera me servía para saciar mi sed. Recuerdo haber llorado en silencio soñando con que volvieras. Recuerdo haber destrozado cada pensamiento a gritos, rompiendo cada palabra con la fuerza de los lamentos. Pero, aún así, seguía negando la evidencia.

Comencé a pensar si quizá debía buscarte. Emprendí el camino hacia tu casa, sin saber dónde vivías. Te perseguí allí donde nunca habías estado. Pregunté por ti a quien no te había visto jamás.

Con la desesperación de no tenerte decidí simplemente desistir. Dejarlo todo y apartarme. Abandonar pasiones y glorias; amarguras y desahogos que sin ti carecían de sentido.

Parece mentira que, después de tantos años, aún no entienda que te vayas y vuelvas cuando se te antoje. Parece mentira que, a estas alturas, no haya aprendido que, sin importar el tiempo que transcurra, siempre vuelves. La inspiración siempre vuelve.

miércoles, 25 de marzo de 2009

¿Dónde van los sueños que no se cumplen?

¿Dónde van a morir aquellas metas que no logramos alcanzar? Esas que nos queman el alma cuando se visten de recuerdo, y lamentamos no haber ni tan siquiera rozado todo aquello por lo que un día pasamos las noches en vela, al amparo de la luna y el deseo.

Es fácil llorar por lo que no conseguimos, retorcer de rabia nuestra piel pensando en cada paso que no supimos dar, y golpear hasta sangrar el puño las paredes por no sentir la gloria de habitar en el último peldaño.

Pero, en el fondo de nuestra conciencia, la rabia intenta gritar a nuestros oídos sordos que el cementerio de los sueños perdidos se encuentra en nuestro fracaso. Muy cerca de un rincón del subconsciente donde exiliamos cada pasaje que no queremos reconocer; donde evitamos pasar las horas por miedo a comprender que, al fin y al cabo, con permiso de la suerte, los sueños que no se cumplen permanecen para siempre en nosotros, que fuimos los únicos culpables de no arriesgar la vida en cada batalla, y no hacer todo lo posible por tornarlos realidad.

martes, 17 de marzo de 2009

Mi alma plena

Se fue encantada. La sonrisa ocupaba ahora un lugar permanente en su rostro; la alegría dirigía sus pasos con un ritmo ligero y desenfadado. A pesar de estar en mitad de la noche, las calles parecían haberse llenado de vivos colores. Un intenso brillo renacía en sus ojos, mientras su cabello bailaba con el son alegre de una euforia descontrolada.

Todos aquellos oscuros pensamientos fueron borrados en el mismo instante en que notó a lo lejos su presencia. Y, como tantas otras veces, volvió a sentir aquel terremoto en el estómago que nunca supo controlar. Su alma se llenó de orgullo y el honor invadió de nuevo todos sus sentidos. Ya no recordaba el malestar irremediable que le provocaba escalofríos, cuando sentía que, quizá, el tiempo le había arrebatado todos los regalos que un día le entregaron.

Pero bastaron unos saludos para curar aquella sobredosis de pesimismo; y comprendió lo absurdo de pensar demasiado.

Volvió a ser la carcajada la banda sonora como solía; volvió a ser la complicidad el aliciente perfecto; volvió a ser la confianza la que marcaba las horas y el cariño recíproco el aire que respirábamos.

Sintió sus pies despegarse del suelo, mientras su corazón latía con desenfreno. Miró un segundo al horizonte y se impresionó al saborear de nuevo la sensación de que los kilómetros y las horas de viaje no tenían la más mínima importancia cuando se trataba de ellos. El más dulce de los destinos.

Palabras y gestos. Guiños y detalles. La felicidad conquistó su ser cuando se percató de que, como en los anteriores encuentros, tuvo que dejar de soñar despierta para vivir sueños reales.

La pasión que eriza su vello y hace temblar sus cimientos. La maravillosa intensidad con la que vibra cada centímetro de piel y se embelesa su conciencia si están sobre un escenario.

Se emocionó cuando dos lágrimas deslizándose por sus mejillas le anunciaban la confirmación de que, pasen los días que pasen, los meses, los años; la ilusión agigantada que definía su predilección por todos ellos hacía infinitamente más fuerte lo que los une, que todo aquello que los separa.

Y esta vez nisiquiera sintió pena al verlos marchar, porque sabía perfectamente que aquella noche en Córdoba había sido tan sólo otro principio.

...No sabeis lo mucho que os echaba de menos... ;-)


G R A C I A S

martes, 3 de febrero de 2009

Un bálsamo necesario

Y respiró. Con la tranqulidad y el sosiego que otorga una decisión tomada. Aún sin saber si era la acertada o no; aún sin tener la más mínima idea de si el futuro se presentará en forma de arrepentimiento. Respiró.
Notó cómo sus pulmones se llenaban de aire, aire de paz, como hacía tiempo que no lo hacían. Experimentó la extraña sensación que el aire se tornaba líquido y recorría milímetro a milímetro su cuerpo, hasta volver a salir de él y ser libre de nuevo. Alivio.

Respirar tras asumir limitaciones; respirar tras darte cuenta de que no siempre puedes dar los pasos a la velocidad de los demás; es una de las más bellas sensaciones.

Porque cuando no tienes camino, pero decides buscarlo y te propones hacerlo paso a paso, has avanzado, sin apenas andar, con importantisimas zancadas. Y desde ese momento, todos los segundos que componen los días, recobran su color y su sentido. Y respirar se convierte otra vez en algo favorable. Necesitaba un bálsamo para dejar de ahogarme.


...Creo que he vuelto...

lunes, 15 de diciembre de 2008

El Mundo

Me da tanto miedo el mundo, que ni con todo mi empeño puedo apartarme de él. Paradojas que acompañan mi camino; incertidumbre que alimenta mi curiosidad. Si no le tuviera tanto miedo, quizá no pasaría las horas esperando a ver qué me depara. Creando en mi cabeza mil posibilidades distintas; inventando argumentos, a veces, en diferentes lugares del planeta.

Me da tanto miedo el mundo, que no sabría qué hacer sin él. Me aterra tanto la idea de volar, que nunca corto mis alas. Tiemblo al pensar en el mañana, pero, cada noche, me acuesto deseando que, con el alba, nazca también un futuro, una nueva aventura; otro vuelo, un cambio. Para poder, por fin, matar las ansias de saber qué me depara la vida, y vivir en el presente.

...Que no es siempre un error vivir deprisa...Querer escapar, descubrir de verdad lo que es, simplemente, vivir...

viernes, 12 de diciembre de 2008

Miradas que asesinan

Y ahí estaba yo, aguantando la mirada. Con la fuerza superficial de quien se muere por dentro. Fijamente, sin parpadear.
Sus ojos clavados en los mios parecían pedirme clemencia, y, de forma paradójica, parecían perdonarme la vida a la vez. Pero yo miraba fijamente.

Fueron pocos segundos, quizá cinco...Pero para mí era una lucha eterna. No moví ni un milímetro mi cuerpo, desafiante bajo el marco de la puerta. Como si de una foto se tratase, permanecí inmóvil todo el tiempo. No existía ninguna razón aparente para creer que, pese a esa estructura de hierro en la que me había convertido, mi alma estaba soñando en ese instante con que tan sólo fuera una historia inventada más. De esas que surgen cada minuto en mi cabeza. De esas que han construido una vida paralela, para huir de las miradas que nunca quisé mirar.

Y, lo cierto es que, llegado este día, siento que al fin he subido al barco en el que nunca quise zarpar.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Mucho que perder

Si encontrara la manera de quererte sin que duela,
Si pudiera derrotar al maldito anochecer,
Créeme que, aunque no quiera,
Entraría en la pelea
de luchar por las escenas,
Que se ruedan en tu piel.

Es verdad que no me aclaro,
Si te quiero, o si eso es malo.
Si me matas o algún día te odiaré.
Ya ni entiendo lo que hablo,
Lo que pienso, lo que callo.
Lo que antes de tocarte era parte de mi ser.

Me toca tirar los dados,
En nuestro tablero inventado
Hoy creo que no jugaré.
La partida no ha acabado,
Pero el tiempo no ha parado,
Y me ha obligado a entender
Que es peligroso…y tengo mucho que perder.

Puede ser que mis sentidos
Congelaran la razón
Puede que, tras un suspiro,
Este humo que respiro,
Consumiera mi ambición.
Qué más da si vas o vienes,
Yo no sé si vengo o voy,
Que al final lo que uno tiene,
Es más frágil si lo quieres,
Que sin prestar atención.

No preguntes qué me pasa,
Ya no pienso responder.
Cuatro años nos avalan
en esta absurda cruzada
de querernos sin querer.
“La vida es impredecible”,
me dijiste aquella vez,
es curioso que a estas horas
seas tú el que me llora,
mientras yo subo a otro tren.

Si me pierdo no me busques,
Si te encuentro quiéreme,
Si me paro no me esperes
Y si corro, lárgate.

Me toca tirar los dados,
En nuestro tablero inventado
Hoy creo que no jugaré.
La partida no ha acabado,
Pero el tiempo no ha parado,
Y me ha obligado a entender
Que es peligroso…y tengo mucho que perder.

jueves, 20 de noviembre de 2008

La importancia del camino

Eran muchas las personas allí congregadas. Ninguna de ellas sabía por qué.
La sala era enorme, casi intimidaba; cualquiera se sentía pequeño entre aquellas paredes de madera de pino, agónicas por el paso del tiempo. Al fondo del austero salón había una puerta cerrada. Incomprensiblemente, nadie se atrevía a abrirla.

La luz entraba por la colosal bóveda, centrando su haz sólo en el centro, permitiendo así rincones oscuros donde pasar desapercibido.

Y allí, en una de esas esquinas, agazapada en el suelo, estaba ella. Vestía cara de pena y zapatos azules. Se preguntaba, una vez tras otra, cómo había llegado allí. Asustada, observaba minuciosamente a cada uno de los presentes. Uno por uno; sin excepción.

Desde su rincón tenebroso, podía ver a aquella ama de casa, de mediana edad, que comentaba sus teorías sobre el misterioso lugar con una ejecutiva que, con el brillo del éxito en sus ojos, la miraba sin prestar la más mínima atención.

A su lado, un joven con chandal. Su rol de deportista de élite se adivinaba en su cuerpo fibroso y en esa absurda obsesión por evitar cualquier contacto con la gente que le rodeaba, a quienes miraba por encima del hombro.

En el centro de la sala, erguido bajo la luz, un señor trajeado. Su presencia impecable se hacía un hueco entre el atronador murmullo. Su voz, por encima de la de cualquiera, parecía tener el deber de darle órdenes a todo el mundo. De sus palabras se desprendía una molesta doble moral que bailaba entre el deseo de tranquilizar y las ansias de dominar al grupo. Sin embargo, entre sus ideas para salvarse, no estaba acercarse a la puerta.

Ella permanecía en su rincón. Juzgando, pensando. Intentando analizar a sus desconocidos amigos.
En uno de sus paseos mentales, comprendió una verdad extraordinaria pero, paradójicamente, estaba temblando de miedo.
Cuando el sol comenzaba a relajarse en el oeste, se levantó. Y, con la sensación de ser invisible, se acercó hasta la puerta. Giró el pomo y salió. Aunque no tenía muy claro si salía o entraba.

Al ver el gigantesco salón desde el otro lado, no podía dejar de pensar en por qué nadie había traspasado antes esa puerta. La idea de haber sido la primera en hacerlo le taladraba los sentidos. Sólo el hecho de pensar que había abierto la puerta de la vida -de su vida- parecía romperla por dentro. Quería, sí. Pero, lo encontraba ferozmente complicado. Había hallado la manera de vivir que todos buscan; una perspectiva paralela llena de perpendiculares que escoger. Tanta libertad le dejaba sin aliento. Casi ahogada y temblando, volvió a girar el pomo y entró de nuevo. O salió.

Se sentó en su rincón y comenzó a escuchar al hombre trajeado.

...Al fin y al cabo, es más fácil hacer lo que todos hacen, que perseguir aquello que tú quieres hacer...


Cuentan por ahí, que se acabó muriendo de pena. Y que ni ella misma fue a su entierro, porque no había tenido el gusto de conocerse.

viernes, 24 de octubre de 2008

Cuentos en la oscuridad

Al amparo de la luna, un papel, coñac y pluma
recuerdan a quien un día,
sin dejar notas de aviso,
con más prisa, que permiso
me dejó como la una.

En cada verso que hoy te brindo,
va inmerso el desequilibrio de una balanza olvidada.
Que cargaba con mil besos,
sin querer ni ver, por miedo,
que tus ganas no pesaban.

Fue una noche de algún mes,
Tú pasabas por allí.
A tu cuerpo me entregué,
es más fácil que te lleven
que moverte con los pies.

Me hice experta en exigir, olvidándome vivir.
Pretendiendo hacerlo todo a mi manera.
No me di oportunidad de asumir que, por amar, entendías esa forma tan austera.
Consecuencias de querer, aunque fuera alguna vez,
poder dormir sin llorar,
imaginando cuentos en la oscuridad.


No fue culpa de un tercero
ni segundo, ni primero
sólo fue la madrugada
que, de tanto querer querernos,
nos heló en el frío invierno
tras tantas malas jugadas.

Obligarnos a entendernos
fue más duro que el infierno.
No era el día ni el lugar.
Y por fin hoy lo comprendo,
No era amor, no era un 'te quiero',
No era fuego, no era paz.
Sólo fuimos dos heridos
Por la vida y por los vivos,
Buscando desesperados,
alguien con quien olvidar.

Fue una noche de algún mes,
Tú pasabas por allí.
A tu cuerpo me entregué,
es más fácil que te lleven
que moverte con los pies.

Fui experta en exigir, olvidándome vivir.
Pretendiendo hacerlo todo a mi manera.
No me di oportunidad de asumir que, por amar, entendías esa forma tan austera.
Consecuencias de querer, aunque fuera alguna vez,
poder dormir sin llorar,
imaginando cuentos en la oscuridad.





Historia de dos personas que confundieron amar con conformarse; querer con necesitar, y sentimiento con compañía. Ella tardó en darse cuenta de que, si sientes que agonizas, has de moverte con tus pies, aprender a andar de nuevo, y no entregar tu alma al primero que te haga caso, esperando que con él, desaparezca para siempre la lluvia.

Malos tiempos


"¿Dónde estas inspiración? Eras mi única esperanza...Ahora que te necesito y no te tengo, me marchito...esta ausencia me extrangula, me destroza, me devasta"

He perdido la cuenta de las historias que he inventado en estos días. Escritas con la única compañía de un cigarro y el frío de la noche, con la banda sonora del viento de la calle. Todas hablan de ti, de mí, de todos, de nadie.
Esperan impacientes a que alguien las conozca, mientras pasan el tiempo en decenas de folios esparcidos por mi cuarto.
Si no llegan hasta aquí será que, después de todo, no es la falta de inspiración lo que me preocupa. Intento asumir el verdadero problema, y, mientras lleno un poco más de humo mi pulmón, me pregunto una y otra vez desesperada:

...¿Dónde estás, autoestima?...



Quizá te fuiste con mi ilusión.



El problema no es que tema que no guste lo que escribo. El problema es que no me gusta a mí. Y estoy demasiado débil para soportar que lo primero también pase.


martes, 7 de octubre de 2008

Apuntes (VI)

"Y comprendí que volver no es sólo arrastrar tus huesos hasta aquel lugar al que perteneces, dejando atrás tu alma, atascada entre negros matorrales de ninguna parte.

Y aprendí que sonreir es efímero, y que, en un segundo cualquiera, tu vista deja de alcanzar todo ese horizonte en el que antes habitaba tu futuro.

Hoy encontré en una caja de objetos perdidos mi manual de instrucciones, lleno de polvo, maltratado por el tiempo; y, al abrirlo, me he dado cuenta de que está escrito en un idioma que no entiendo"